ospital. Se miró al espejo y apenas se reconoció. Tenía los ojos enrojecidos y la piel de un tono cenizo que delataba noches enteras sin dormir y
con una toalla que se sentía más suave que cualquier prenda de ropa que
vuelto a ponerse la chaqueta y su expresión era la de alguien que se prepara para una reunión de accion
que ya empezaba a ser familiar-. Un hombre como yo no se casaría con u
s diciéndole a mi hermano que todo estará bien cuando el mundo s
r correos en su teléfono, como si el acto de casarse fuera un inconveniente menor en su agenda. Valeria, por s
cualquier periodista curioso. En una oficina pequeña y austera, los esperaba un juez de paz que parecía tener tanta
nder, sentándose a la mesa si
d" resonaban en la pequeña sala con una ironía hiriente. Valeria sentía que cada frase era una bofetada. Miró a Alexander de
a Valeria Soler como su legítima espos
r. Fue una palabra corta, s
e los demás pudieran oírlo. Por un segundo, la imagen de Leo en la cama del hos
cepta usted a Alexander Van
sobre la mesa. No era un sacramento, era una tran
sintiendo que su v
n firm
l metal de la pluma estaba frío. Valeria firmó justo debajo, viendo cómo sus apellidos se unían en el papel oficial. En
do los recogió de inmediato, guardándol
unque no había rastro de alegría en su tono-. El ac
ie antes de que el jue
dijo Alexander, girándose hacia Valeria-. Vámonos. Tenemos mucho q
a seguridad del sedán negro, el silencio volvió a reinar. Valeria miraba su mano izquierd
a de su bolsillo interior y lo dejó
l, sin mirarla-. Dentro encontrará su identi
color negro mate, pesada, de metal, con el logo de un banco excl
te. Ropa, joyas, lo que sea que considere adecuado para mantener el estatus que ahora oste
re sus dedos. Los bordes de m
eñor Vance? -preguntó ella, con una
rla a los ojos-. No se confunda, Valeria. No me importa lo que compre con ella. Pero si un solo periodista la ve con e
pedazo de metal que representaba todo lo que odiaba de hombres co
de rabia contenida-. Soy un activo que debe lu
le-. Me alegra que lo comprenda ta
cababa de ser empaquetada y etiquetada. Pero luego pensó en Leo. En este mismo momento, su hermano estaba siendo operaera, lo haría. Se convertiría en la mejor actr
, la estará esperando. Ella le mostrará sus habitaciones y le dará el horario de nuestras próximas apariciones públi
nrisa falsa y afilada-. No querría yo que
Torre Vance para dejarlo a él. Antes de bajar, se detuv
e seamos amigos, pero espero que no cause problemas. Si necesita algo
y entró en el edificio con paso fir
cha hacia la mansión. Se sintió como una extraña en su propia piel. Hace apenas veinticuatro horas, era una camarera preocupada por el alquiler. Ahor
cia las colinas exclusivas, Valeria Soler sintió que acababa de entrar en una jaula
una herramienta y ella lo ve como un mal necesario. En el próximo capítulo, Valeria des
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