uinas de monitoreo y el murmullo distante de las enfermeras en el pasillo. Valeria sentía que el suelo bajo sus pies se volvía líquido. "Quiero una esposa", hab
. Alexander Vance era la personificación del poder absoluto. Su traje oscuro, hecho a medida, no tenía una sola arruga, y
nce, esto debe ser una broma de muy mal gusto. Mi hermano s
pizca de incomodidad ante la evidente angustia de la mujer frente a él. Simplem
er. Y mucho menos bromeo con mi tiempo -r
ntidos de Valeria, borrando por un instante el omnipresente olor a desinfectante. Él era demasia
Este no es lugar para discutir los términos d
aqueaba al ritmo que recordaba la cifra de doscientos mil dólares-. Ni siquiera
era vez, una sombra de algo parecido
epta mis términos, el mejor equipo quirúrgico del país estará aquí mañana al amanecer para salvar a ese
mano a la boca. La crudeza de Alexander era aterradora, pero
cafetería privada en la planta baja. Mi chofer ya ha despejado un área. Usted decide: cinco mi
luso las paredes del hospital se apartaran a su paso. Valeria miró hacia la habitación de Leo. Vio su pequeña mano pálida desca
tiéndose como una c
ander estaba sentado en una de las mesas del rincón, con un café humeante frente a él que no tocaba. Cuando Valeria
s temblorosas sobre la mesa-. Hay miles de mujeres que matarían por llevar su apellido.
su rostro con una intensidad que la hacía sentir desnuda. No era una mirada
necesito una mujer que quiera mi dinero, porque ya tengo demasiado. No necesito una mujer con ambiciones sociales, porque las ambiciones de los demá
n perro fiel -escup
jó una cláusula arcaica en su testamento. Para consolidar mi posición como presidente vitalicio y accede
pausa, y su expre
de que estamos destinados a estar juntos por una alianza de familias. Su obsesión ha empezado a afectar mis negocios y
una risa sec
loca y la llave para su herencia. Es un ne
casa donde no tenga que preocuparse por las goteras y una cuenta bancaria que nunca se vaciará. A cambio, usted me entrega dos a
é re
ia adelante, reduciendo
e; no quiero escándalos. Regla número tres: esto es un contrato comercial. No habrá contacto físico más allá d
nada, y sus ojos grises pa
. No soy el príncipe azul de los cuentos que usted probablemente le
humillación, pero la rabia e
es lo suficientemente grande para los dos, no
tilográfica de oro de su bolsillo y un documento de apenas dos páginas que pare
trato completo de cincuenta páginas, pero esto es suficiente p
í, fríos y claros. Su nombre junto al de él. E
untó ella, en un últim
pie con elegancia, ab
ión de su hermano a ver cómo se apaga su vida mientras se pregunta cuánto vale realmente su orgullo.
os pequeñas, en su risa que se volvía cada vez más débil. Pensó en las noches que
taba frío, igual que el hombre que la observaba. Firmó con trazosrevemente y lo guardó. No hubo una f
alegría, solo triunfo-. Mañana a las seis de la mañana, un coche vendrá a bu
n el sonido de su propio corazón latiendo con fuerza en sus oídos. Había salvado a su hermano, pero acababa de darse c
e bajo la lluvia. La deuda de amor acababa de empezar, y el i
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