" siseó Seara, su cuerpo rígid
tin con facilidad, su sonrisa torcida exaspe
." Seara se retorció,
entímetro. Si acaso, la atrajo más hacia él, bajan
ntenso y embriagador de un Alfa mezclado con calidez y algo
in, d
llegó de
edó congelada. Su mente le gritaba que lo apartara, pero su cuerpo la traicionó, derritiéndose en el momento.
millación ardieron en su interior mientras empujaba su
a barbilla como si hubiera ganado un premio. "Va
o la cabeza para que él no viera el
ra vez." Su sonrisa se volvió traviesa. "Y ni se te ocurra menti
o por lo bajo. ¿Cómo podía su propio cuerpo traici
haste de mí
an cuando sé que la otra loba también
anzándole una mirada lo suficien
brazos detrás de la cabeza. "Supongo que debería disculparme entonces... por
eza de golpe. "No
ando que te gustó. Pero está bien-llamémoslo un simulacro d
ecerró los ojos. "¿Cómo dem
ba bastante seguro de que destrozarías al próximo tipo que
ara salió más alta de lo que preten
o se rió m
y corazones acelerados, antes de que Austin volvi
frunciendo el c
do una patrulla en solitario por aquí, buscando rebeldes. No deberí
sola," dijo el
el hecho de que eres presa fácil para los rebel
tu protecci
stin alzando una ceja.
edes ob
o aún teñidos con ese maldito brillo burlón. "No, n
mbió. Las hojas susurraron. El viento cambió de direc
Seara se tensó, acercándos
us músculos tensándose
salió. Sus ojos brillaban con sospecha, los labios
respiración se detuvo. El lobo irradiaba hostilida
alma, su voz tranquila pe
, Austin?" El gruñido de
a Seara antes de hablar má
on más fuerza-y
errando los oj
gar, el aire estalló con el sonido de un g
había transformado parcialmente-ojos dorados brillando, colmillos reluciendo bajo la luz de la lu
profunda, gutural, haciendo
volvía a su forma humana-un hombre alto, de rostro du
estros," dijo Al
su tono mortal. "Si digo que no la
ijo nada-solo se quedó allí como una est
, un contraste marcado con el encanto
arrogante que acababa de protegerla con toda la dominancia qu
r qué me proteg
volviendo a un cálido verde. Esta vez sin
edo. Y por
e. Odiaba que eso hiciera que su corazón se agitara.
da uno de sus límites... y aun así, en ese momento, se se
yos, la forma en que su aliento había estremecido su piel, la mira
r? Le hab
ita
o lo miró ahora-a esos ojos verdes firmes, a la fuerza que la envo
más cerca, hasta sentir su calor, hasta que su mano temblorosa
gunda oportu
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