nado por docenas de hogueras crepitantes y la luz cruda y platinada de la luna en su cenit. Allí se celebraba el verdadero
o sepulcral que había recibido a Elara se transformó en un zumbido denso y sofoc
lobos enormes criados en las montañas heladas, conocidos por su ferocidad en la batalla y su intolerancia a la debilidad. Su líder, el Alfa Thorne, era un
ajo sus pies descalzos y por la humedad del vino que se pegaba a su piel a través de lo
r del fuego. No se molestó en bajar el volumen; a los lobos fuertes no les importaba que los débiles
bula, sus ojos relampa
Diosa nos ha impuesto probar. Pero no permitas qu
go más bajo) comenzaron a circular con enormes bandejas de carne cruda y asada, cuernos de hidromiel y
s Colmillos de Hierro tenían un ejército imparable, pero sus tierras del norte se estaban congelando, muriendo de hambre. Una alianza matrimonial era
bajo del jardín, lejos del estrado principal. Se sentó en el borde del banco de madera, abrazándose
contigua a la de Caleb. Su hermanastra reía con elegancia, sirviéndole vino al futuro Alfa, inclinándose lo suficiente
fuerza con la que agarraba su copa de plata. De vez en cuando, sus ojos
pesar de la humillación pública, la conexión invisible tiraba de su pecho. Podía sentir la ansiedad de Caleb, una tormenta de confusi
Ven a mí. Desafíalos. Demuestra que el
erda que tira de ambos lados, y a men
grante-. Las fronteras del este están inquietas. Se rumorea que los chupasangres se están m
Vanya derribó a tres guerreros veteranos en su último entrenamiento. Su lo
ndo las paredes de su mente, exigiéndole que fuera hacia la chica de cabello plateado y vestido
. el hombre esta
podía gobernar si su manada no respetaba a su pareja. Si reclamaba a Elara, la pordiosera sin olor, la "ano
momento exacto en que la duda fue reemplazada p
rició el brazo. Fue un gesto calculado, diseñado para que todos en el jardín lo vieran. El mensaje era claro: el fut
en la buhardilla esa misma mañana, se extinguió, dejando a su paso un frío mucho más profundo que
olitario y escalofriante
allá del Río de Ceniza, en los territorios prohibidos. Era un sonido tan denso, tan carg
imieron, sintiendo un impulso instintivo de someterse. Incluso el Al
nya, su voz temblando por p
gnus rápidamente, aunque el sudor frío en su
predestinada que sentía con Caleb. Fue algo diferente. Fue como si un cerrojo antiguo, oxidado por años de represión, hubiera crujido dentr
an latir con una extraña energía bajo la piel. Y l
misterioso aullido había dejado en el aire-. El banquete ha terminado. Es momento
a urgencia de un animal acorralado. El ve
as. Vanya caminó primero, radiante y segura. Elara fue la última, arrastrando los pies, obli
las dos hermanas. El destino había tendido su trampa. El banquete había preparado el escenario. Ahora, las manadas observaban en un silencio sepulcral,
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