ños más
erto Internaci
do ruidoso y apresurado. Alto, de figura esbelta pero imponente, vestía camisa negra impecable y
necesidad de decir una palabra. Había pasado cinco días en una cumbre de negocio
te personal, Saúl, se acercó apres
a... ¿Volvemos primero a la mansión? -preguntó con caute
e detuvo
ente el rost
e lo dices
tió un escalofrío recorrerle la
del Sr. Campbell. Lo había criado con obsesiva dedicación, protegiéndolo de absolutamente todo. Incl
raerlo, por eso no me puse en contacto... no esperaba que el pequeño Lucas se
las gafas de s
, como si una tormenta eléctrica se despertara dentro de ellos. La tensión en el amb
de que había perdido su empl
¿Hm? -Edward apretó los dientes. Su voz, baja pero cargada de am
.. -susurró Saúl, a
o de cuero perfectamente pulido de Edward. Él bajó la mirada con el ceño fruncido y se agachó para rec
vantarse, una vocecita
a niña que corría hacia él, sus pequeño
nte. Se detuvo frente a él, con las mejillas sonrojadas y los ojitos brilla
tó la cabeza
, algo dentro de
s o
des idénticos
grandes y redon
ansparencia limpia y pura que solo podía encontrarse en la
ell se quedó
embloroso a su lado, de su equipaje, del aerop
por el viento, lo observaba con total naturalidad. No había miedo en su mi
eía a esta pequeña. Esta
n emb
entía que y
rgando su manita diminuta-, si quiere comer
en cuclillas, procesa
ontinuó con seriedad infantil-, a
es, completamente inocentes, p
e no com
e nunca
sin que pudiera evitarlo. Una sensación cálida le recorrió el pecho, derritiendo s
ensó. ¿Por qué.
él, con voz insólitamente suave, mientras le d
n, y al sonreír, mostró dos pequeños y marcados dientes de tigre
ella-. ¿A ti también te gu
endió al descub
rvaba desde un par de pasos detr
mpbell... e
blando suavemente con u
implement
se había acercado a ninguno. Ni siquiera los miraba. Pero a
rd con un suspiro involuntario,
ra dolor. Era algo... más profundo. Algo que
niña... eran
asi
de Edward Campbel
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