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LA SIRVIENTA DEL REY ALFA

Capítulo 2 VIVA

Palabras:1906    |    Actualizado en: 28/03/2026

. Pero lo que sentí fue dolor. Un dolor punzant

y? ¿Es esto

emenina, lejana, como si me hablaran a través d

pesaban como si fueran de plomo. El sabo

áspera-. Con esas heridas... debería habers

ado. Ricard

icardo transformándose, sus garras desgarrando m

ir -contestó otra voz

insistió la mujer-. No e

erta que se cerraba. Y luego

usurró la primera voz-

_____________

más tiempo. La sanadora, que se presentó como Dalia, me miraba

ho esto? -murmuró, negando con la cab

ero una punzada de dolo

s están cerrando, y muy lentamente. Nunca había vi

a normal -logré de

ió ella con suavidad-. Pe

rme -pedí

r del reflejo tenía el rostro cruzado por tres profundas cicatrices. La piel, recién cosida, es

as lágrimas comenzaron

ancaron el útero. Fue un mi

nunca conocería, por esa vida que Ricardo había arrancado con la

eciéndome un tónico verdos

dormí del todo. Mi mente seguía activa, procesando t

ia-. No parece ser una loba común. Es una omega,

ondió la voz masculina-. E

stió Dalia-. No sabemos de dónde

e le hicieron. No la vamos a abandonar a su

n, y me quedé sola c

Con el cuerpo aún adolorido y las heridas apenas cerradas, me incorporé lent

a esta gente. Y sobre todo, no podía arriesga

uación me golpeó como un puño helado: no tenía nada. Ni dinero,

ré para mí misma, deteniénd

escapar. Y necesitaba escapar, alejarme lo más posible, tal vez incluso salir del país. P

taba en la man

. Volver allí era una locura, un sui

a protección del viejo Rosún y luego como la Luna de Ricardo. Conocía cada entrada, cada salida, cada punto vulnerable del perímetro. Yo misma había a

ciegos de las cámaras, las rutinas de cada guardia. Si

podría salvarme. Nadie podía detectar mi olor a menos que yo lo permitiera. Ricardo solo me percibía cuando usaba perfume, u

a Manada Lobezno. Cada paso era una agonía, pero el dolor físi

*

sus rutinas, sus puntos débiles. Llegué hasta la mansión principal sin ser detectada y me dirigí

noche, demasiados coches aparcados frente a la mansión. ¿Una reunión de eme

en la cocina. El sonido de risas y conversaciones llegaba desde el salón principal.

de emergencia. Er

Ricardo. Sonreía. Sonreía como nunca lo había visto sonreír conmigo. Y abrazaba a una mujer que es

ente la cabeza, sentí que el

sti

aba con desprecio o lástima. La beta que se sentaba conmigo

grupo guardó silencio-. Como saben, hace una semana sufrimos

fingieron tristeza, pero yo podía ver el alivio en su

biduría, me ha mostrado el camino hacia mi verdadera compañera. En un mes, bajo la luna lle

a! -corearon todos

a Ricardo. Fue un beso apasionado, posesivo, e

No era solo la traición de Ricardo -eso ya lo sabía, lo había sentido en mis propias carnes

do engañando? ¿Acaso ella sabía lo que Ricardo me había hech

e, cada gesto, cada palabra. Vi cómo se tocaban cuando creían que nadie los miraba. Vi la

cardo y Cristina subieron las escaleras hacia el dor

subí las escaleras hacia mi antigua habitación. Necesitaba mis documentos, algo de dinero que tenía escondido, algunas joya

elaron la sangre. Gemidos. Jadeos. El inconfundible son

e mi hab

de la casa y desaparecer para siempre. Pero otra parte, una parte oscura

l último vestigio de h

s noche por no poder concebir. Donde había soñado con el día en que por fin tendríamos u

ía mostrado conmigo. Y ella respondía con la misma intensidad, arañan

os palabras, que nunca me había

en un único sentimiento primitivo y devastador. Mi visión se tiñó de rojo y sentí cómo mi cue

era completa. No quedé atrapada entre formas como siempre me ocurría.

tado sobre la cama. Solo recuerdo el sabor de la sangre en mi boc

il, su cabeza separada de su cuerpo, sus ojos abiertos en una expresión de sorpresa eterna. Cristi

-. Estás viva...

el cuerpo decapitado de Ricardo. Y finalmente,

o tiempo -respondí con una v

manchando la ropa prestada. Pero por primera vez e

sa. Y esto era s

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LA SIRVIENTA DEL REY ALFA
LA SIRVIENTA DEL REY ALFA
“En un mundo donde los Alfas gobiernan con sangre y poder, las omegas no tienen voz... solo destino. Emili no es especial. No es fuerte. No es deseada. Es solo una sirvienta marcada por cicatrices, por un pasado que nadie quiere mirar... y por un presente que todos desprecian. Hasta que el Rey Alfa la reclama. Alaric no es un hombre. Es una bestia. Un Licán antiguo, despiadado, temido incluso por los suyos. Un rey que no toma... arrasa. Pero cuando sus caminos se cruzan, algo imposible sucede: la marca. Una conexión prohibida. Un vínculo que no debería existir. Una omega rota... unida al depredador más peligroso del mundo. Mientras demonios cruzan portales, vampiros conspiran en las sombras y antiguos poderes despiertan, Emili deja de ser invisible... para convertirse en el centro de una guerra. Porque hay algo en su sangre. Algo que todos quieren. Algo que ni ella misma entiende. Y cuando la verdad salga a la luz... no habrá reino que sobreviva. Ni siquiera el suyo.”
1 Capítulo 1 El Acantilado2 Capítulo 2 VIVA3 Capítulo 3 El Reino de los Licán4 Capítulo 4 La Sirvienta del Rey5 Capítulo 5 La Sirvienta Personal6 Capítulo 6 Agua Fría7 Capítulo 7 La Emboscada8 Capítulo 8 Sangre en el Bosque9 Capítulo 9 La Costa Norte10 Capítulo 10 La Cueva11 Capítulo 11 Azufre12 Capítulo 12 Quiero Matar13 Capítulo 13 La Isla14 Capítulo 14 Traidores15 Capítulo 15 El Rubí16 Capítulo 16 Contra Reloj17 Capítulo 17 La Sala de Juegos18 Capítulo 18 Siempre Te Encontraré19 Capítulo 19 La Maldición20 Capítulo 20 Suya21 Capítulo 21 Fantasmas22 Capítulo 22 Dime Que No Lo Sientes23 Capítulo 23 Paz Prestada24 Capítulo 24 Las Lobas del Rey25 Capítulo 25 El Trono en las Sombras26 Capítulo 26 La Marca27 Capítulo 27 La Lengua Oscura28 Capítulo 28 La Voz29 Capítulo 29 La Carrera30 Capítulo 30 Ventaja31 Capítulo 31 Las Hijas del Alfa32 Capítulo 32 El Niño