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DE VISTA
a voz de mi madrastra llamando desde el jardín, justo detrás
murmuré antes
n n
temblor irritante. "¿A quién esper
favor, sólo dame un m
minuto! ¡Baja ah
semanas. Y la mayoría de las veces, los recados eran mundanos y repetitivos. ¿Pero con quién era yo para quejarme? ¿Con papá? Lo único que hacía era recitar aburri
frente mientras tomaba el frasco de acer
n. Mi mente se remontó a dos semanas atrás, cuando me gradué de la Universidad Estatal de Luisiana con una Licenciatura en Finanzas: «Magna Cum Laude», por cierto. Los recuerdos de mi ceremonia de graduación aún estaban vívidos en mi
ealidad, y cuando mis ojos captaron el identificador de la persona que l
de las ocho. Victoria armaría un escándalo si yo fuera el que saliera de casa a
ero tampoco enemigas. A pesar de la hostilidad de su
ba para preguntar o dar una noticia tonta sobre algo t
irar qué hora es por allá?", pregunté, sin d
o, algo inusual en ella. Y el extraño temblo
té con el corazón la
n problemas. Un conserje e
laban al escuchar lo
lada? ¿Qué quier
seguido de suaves sollozos qu
enseguida". Continuó diciendo: "Por favor, ven.
oy enseguida. ¿Me o
ntes de que me haga daño"
r un instante, me quedé clavado en el mismo sitio, inmóvil.
me llevó una vez allí y me sentí muy incómoda. Olivia podría estar en serio peligro. ¿Debería
hacia la puerta, olvidándome de apagar mi comput
o si estuviera en misa. Estaba a punto de darse la vuelta cuando me vio pasar junto a él tambaleándome fr
iempo y pensando en cuál se
amiga del coro. Lo necesito para el ensayo de mañana para no atr
ijamente; sentí como si
e Stacy
y es una niña -respond
qué sales vestida así?", me s
ré mis pasos, demasiado rápido para escuchar más preguntas, y c
ate de no perderte el es
do el motor de mi coche y salie
siado alta me invadieron una sensación inquietante. Marqué el número de Olivia varias veces, per
nadie. ¿Por qué querría alguien hacerle d
habitación que me había revelado, la 027. En la entrada, llamé dos veces, pero no hubo respuesta. Entonces, con fuerza,
ber sido
ivi
liv
ápido que habría dudado de que hubiera ocurrido si no fuera por el efecto que la sustancia me producía. El hombre había desaparecido, y la habitación, antes oscura, se había v
resistirme, sino para provocarlo, porque por alguna extraña razón sentía un deseo igual de intenso por él. Nunca me había sentido así por ningún hombre, ni siquiera por Adam. Podía decirlo incluso en ese estado, cuando no estaba segura de si estaba viva o muerta. Mi espalda estaba ahora contra la pared, y él estaba a solo unos instantes de mí. Me agarró del muslo y empezó a besarme, y len
ahora estaba en mi lengua. Parte de la cama tenía manchas de sangre mía. Al parecer, no era solo mi sentido lo que había perdido la noche anterior; mi virginidad también se había ido para siempre con alguien que no conocía,
a estado a mi lado todo el tiempo; ¿podría
d y salí, aún con la cabeza entumecida. Al llegar
Dios que estás a salvo. E
entras Adam a su lado miraba el fajo de billetes que yo sostenía y
untó Olivia, sonriendo
r de mirarme. El juicio en sus o
ora, Sophie? -gritó Adam
car -dije con voz temblorosa al ver
e el día y te vendes al mejor postor por la n
iquiera rechazarla; mis piernas me fal
Olivia; su rostro demacrado y sonriente la hacía parecer más la cri
atrajeste hasta aquí! ¡Cuéntale có
as en los ojos. Intenté suje
Dios que... ¿Sabes qué? He termi
y salió apresuradament
imas y la cabeza palpitante. Me preguntaba
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