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Arruinando al Alfa: La Venganza Definitiva de la Compañera Rechazada

Arruinando al Alfa: La Venganza Definitiva de la Compañera Rechazada

Autor: Lanzixin
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Capítulo 1 

Palabras:1267    |    Actualizado en: Hoy, a las 09:26

viento era frío, pero el rec

ro, ajustándose las mancuernillas de

enda, estaba parada con un vestido de se

modidad de la cabina privada. Te reserv

no. Clase turista. Asiento

de volar como si fuera carga mientras una renegada ocupa

ñador que le compré, diciendo que mi "energía de sanad

ático, tomó la mano de su amante y la p

tenía el poder porque yo lo había de

eño detalle: su nombre no

loré. Saqué mi celular y marqué

tora

su autorización. Inmoviliza el jet en la primera parada par

a? ¿Las cuenta

ión se elevaba-. Vamos a ver cómo

ítu

vista d

alaba el abrigo, pero no se comparaba co

a zumbaban, un chillido agudo que

gnífica. Y debía s

uerreros, los miles de litros de combustible en el tanque y la inv

a calidez de un compañero. Tenía el tono despectivo que se

de procesar lo absu

La ceremonia de apertura de la

mancuernillas: de oro, con incrustaciones de

en el jet -d

ón dio u

en consiguió el lugar para la manada Vill

ra fría, desprovista del afecto que solía haber allí hace cinco años-. Acaba de regr

scaleras, enmarcada por el fuselaje como

gado para mí. Le quedaba holgado, acentuando

. Era el tipo de sonrisa que u

nté, tratando de mantener la vo

a bolsa de diseñador que le había comprado la Navidad pasada-. Se trata del ambiente. Brenda necesita paz. Tu en

bía evitado que la artritis de Carmen la dejara lisiada, el poder que evitaba que

re del bolsillo de su

elo comercial. Sa

é el boleto. Turista. Asiento de en medio. D

en clase turista mientras una renegada ocupa mi je

brillaron dorados, la señal de que su lobo Alfa estaba saliendo a la s

vientre

se de

onexión telepática. *Alejandro, por favor, dime que no estás hac

enc

ía blo

ntado un muro mental contra su propia compa

a espalda-. No llegues tarde al hotel, Elena. Te necesita

renda. Le besó la mejilla, un gesto ti

os yo había traído al mundo, apartaron la mirada. Siguieron a su Alfa. Siguieron

rró con un siseo. Las e

stible quemado me llenó la nariz, pero debajo

sada capa de perfume caro, estaba la podredumbre de un

ón de cola: el Lobo de los Villarreal. Yo le

mpió. No fue una fractu

y blanca, se levantó y sacudió su pelaje. No aulló. Gr

de clase turi

staba vinculada al fideicomiso principal. El fideicomiso que fina

pantalla estaba frí

ontestó mi banquero per

ulfstream -dije, mi voz tan fir

Ya están e

os en su primera parada para recargar combu

Garza? ¿Las cue

é en el documento que estaba en mi caja de seguridad,

arlo. No había quer

onvirtió en

e-. Se aca

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Arruinando al Alfa: La Venganza Definitiva de la Compañera Rechazada
Arruinando al Alfa: La Venganza Definitiva de la Compañera Rechazada
“En la pista de aterrizaje, el viento era frío, pero el rechazo de mi esposo era glacial. -No vas a subir al jet -dijo Alejandro, ajustándose las mancuernillas de diamantes que yo le había regalado. Señaló las escaleras donde su amante, Brenda, estaba parada con un vestido de seda que yo había mandado a hacer para mí. -Brenda es muy delicada. Necesita la comodidad de la cabina privada. Te reservé un vuelo comercial. Sale en tres horas. Me metió un sobre en la mano. Clase turista. Asiento de en medio. Dos escalas. Ahí estaba yo, la Luna de la manada, recibiendo órdenes de volar como si fuera carga mientras una renegada ocupaba mi lugar en el Gulfstream G650 que *yo* había pagado. Mi suegra incluso se metió, aferrando la bolsa de diseñador que le compré, diciendo que mi "energía de sanadora" era demasiado estresante para su preciosa invitada. Alejandro bloqueó nuestro vínculo telepático, tomó la mano de su amante y la puerta se cerró en mi cara con un siseo. Él creía que era el Alfa. Creía que tenía el poder porque yo lo había dejado jugar a serlo durante cinco años. Pero se le olvidó un pequeño detalle: su nombre no estaba en el fideicomiso. Mientras el jet se alejaba, no lloré. Saqué mi celular y marqué el número de mi banquero personal. -¿Doctora Garza? -Cancela el plan de vuelo -dije, con la voz firme-. Revoca su autorización. Inmoviliza el jet en la primera parada para recargar combustible. Y corta las líneas de crédito. Todas. -¿Todas, señora? ¿Las cuentas de la manada? -Todo -susurré, viendo cómo el avión se elevaba-. Vamos a ver cómo sobrevive el Alfa sin mi cartera.”
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