de esta casa, Sofía? -La voz de Emili
hacia l
a quedarte ahí parada y dejar
as lágrimas que se acumulaban en mis ojo
zada. Se equivocaba. Simplemente estab
do una charola de frutas, sus movimientos eran gráciles y practicados. Isadora estaba
o un perrito faldero, siempre diciéndome cuánto me adm
teando falsa cortesía-. ¿Podría
ente empujó el tazón de fruta y
dí de u
pu
os mangos. Morta
elo. El cuchillo cayó a su lado, rebotando en el azulejo y cor
nte, de un rojo brillant
l suelo, con lágrimas corriendo por su rostro-. Sof
lado a otro, su respirac
la sangre... e
perfecta de alguien sufriendo u
ije, mi voz temblaba-.
taba esc
ra de furia. Vio a Giselle en el suelo, sangran
a pata de una silla. Caí, mi cadera golpeó e
tratando de levantarme-. ¡Está en mi
ra se
oído eso. Solo está
sistí, el dolor en mi cadera me mareaba-. El
, ir a buscar el papel
miraba. Sus ojos estaban fijos en el rostro pálido y lleno
iselle en sus brazos como si
su voz suave y tranqu
ado como si yo no estuviera allí, como si
gramo de fuerza que tenía, me levanté, apoyándome en l
habitación, el silenci
omo de la puerta, una mano
ad
l sonido reson
por Gisel
os-, es por Valeria. Tú la mataste, maldita perra. Le d
ntido en años surgió dentro de mí. Lev
no la
rio, un sonido c
. Ni mis abuelos. Ni siquiera tu propia madre
svaneció de mí
de la alergia. Mis manos temblaban mientras miraba la firma
ué se
suelo como hojas muertas. La evidencia no significaba
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