misión estaba destrozada por el abu
tos privados de inmediato. Cuando llegó el
ubiendo la ventanilla antes de que Xime
la carretera con el
úa la llevara a la ciudad. Necesitaba pensa
ienda departam
perfume caro. Era un aroma que solía
s botas de combate. Arrugó la nariz y le dio la e
sección de hombres. Quería un traj
ime
oz que había rondado sus pe
ó lent
era pulida y superficial. Llevaba un traje a medida que probable
ba con
o. Dio un paso más cerca, invadiendo su espacio personal-. Escuché que te
e -dijo
aron en su bíceps-. Escúchame, Ximena. Ahora eres una convicta. Eres basura. Aléjate de Amparo. Aléj
ó su mano
ijo-. Cuento
burló Gavilán
o esperó
dose sobre la muñeca de Gavilán. Su pulgar se c
ó, su agarre
e detrás del tobillo derecho de él. Le torció el brazo detrá
sus c
salió
con un golpe seco y repugnante. El ai
guardias de seguridad comenz
nclinó, su mano cerrándose alrededor de su garganta. No lo
ella. Sus ojos eran vacíos oscuros
stro pálido y los ojos desorbitados.
ncima! -gritó un guardi
servaba. Sostenía una taza de espresso,
Krav Maga. Efi
l gerente de la tiend
ente p
er está agredien
io con calma-. Dile a tus guardias que se
. No se discutía con Ho
nla ir. Escolten
le de su abrigo. Pagó por un traje blanco inmaculado y un maletín de cuero estructurad
ieron a unos metros,
uardias. Miró a Gavilán, que gemía en el suelo
jadeó Gavilán, aga
Usted la agarró primero -mi
el ceño. Miró
carbón la observaba. No sonrió. No saludó.
ojos. No sabía quién e
a deberle fa
/0/22896/coverbig.jpg?v=ce46d21b8c7bd841c1243c659f80ed28&imageMogr2/format/webp)