ra. En cambio, giró a la izquierda, dirigiéndose por
se de
el segundo piso -dijo
los hombros encorvados
l segundo piso está siendo
aba en silencio. No había lonas. No había olor a
No se me permite esta
llevando a Alba a la lluvia de nuevo. Camina
del jardinero antes de que subcontrataran el paisa
. El aire dentro olía
rró Espuma, y luego huyó co
a e
en más en l
ama pequeña y llena de bultos. Llevaba gafas grues
r-. Soy Santuario. Risco me
Asistente. N
r mi niñera -
justó las gafa
rla a adaptarse. Y par
Colocó su bolsa de plást
extendió
empacar es
ápido, tan agresivo, que Santuario tropezó hac
u voz era baja, peligrosa-. Si toc
ó saliva con f
e ropa que tenía y marchó al b
presión. Luego la ducha. El ruido
abriéndolo. Escondidos dentro había varios componentes electrónicos diminutos y desiguales envueltos en plástico: resistencias recuper
l espejo. La venti
; no pensaba que ella fuera lo sufi
mojada. Cayó en una pi
en el
clavículas sobresalían como cuchillos. Pero er
latos. Líneas largas y blancas y delgadas en sus muslos de donde había
su brazo. Los sedantes que le forzaban cuando
ió lástima por la chica en el espejo. Sintió una
legó a través de la puerta-. ¿Nece
recio. Quiere buscar marcas
itó Alba sobre el agua corr
asos de Santu
comparada con las mangueras heladas del campo. Se frotó la piel hasta dejar
lavar los
el gancho. Era de algodón áspero, picaba. Se ató el
ario estaba escribi
a cama y se sentó.
no, pensó. O...
sta noche, solo tenía qu
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