ces de la ciudad borrosas por la lluvia, pero su mente seguía atrapada en aquel pasillo oscuro del bar, sintiendo aún el eco del orgasmo que él le había arrancado. Gabriel, con las manos
tas de libros y un minimalismo frío que gritaba control-, la puerta apenas s
edido. No era un beso de profesor; era el beso de un hombre que llevaba años guardando un hambre que ella acababa de despertar. Isabella gimió, enredand
l bajaba sus besos por su cuello, mordiendo la pie
e toda elegancia académica-. Llevo toda la noche pensan
arrebato de audacia, comenzó a desabrochar la camisa de él, arrancando un botón en el proceso. Cuando la tela se abrió, revelando el pech
ría, sintiéndose expuesta, pero por primera vez, no sintió vergüenza. La mirada de Gabriel recorría su
ira en su voz-. Diego es un ciego, un necio que no
e detuvo, arrodillándose entre sus piernas mientras ella se
s muslos-. La lección de hoy no es sobre mí, es sobre ti. Quiero que aprendas que tu placer
á. Era diferente a lo del bar; esto era íntimo, enfocado, casi clínico en su precisión pero salvaje en su entrega. Él la saboreaba como si fuera
a, sintiendo que la tensión volvía
didos por la lujuria. -Mírame, Isabella. Aprende esto
amento, Gabriel no se detuvo hasta que el último espasmo la abandonó. Agotada y vib
apenas un hilo-. No quiero ser
mano por el abdomen de él hasta llegar a su erección, que latía con fuerza. Lo guió hacia ella y, con una timidez que pronto se
echada hacia atrás-. Más lento... siente la textura, I
nes susurradas. Gabriel se derramó en ella con un rugido ahogado,
el silencio regresó, pero esta vez era diferente. Isabella apoyó la cabe
s tener a cualquier mujer. Alguien más... "ligera", como
ó a buscar la sustancia, lo que tiene peso, lo que perdura. mi hermano vio superficie; yo veo un incendio que nadie se atrevió a alimentar. Y respecto
-insistió ella, buscan
la lección, Isabella. Pero ten cuidado... a veces el profesor termi
/0/22888/coverbig.jpg?v=65cc01021ccb154508b16867e679519d&imageMogr2/format/webp)