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en el interior. Isabella Donovan se quedó de pie en el centro de la sala, sintiendo que el aire se volvía denso, casi sólido, dificultándole la tarea de respirar. A sus pies, una maleta med
abello rubio, el mismo que ella solía acariciar hasta quedarse dorm
susurro roto-. Estuvimos planeando nuestras vacaciones
que siempre precedía a una crítica disfrazada de consejo. Él se acercó a la mesa, evitando
o-. Te has descuidado, Bella. Mucho. Intento sentir ese deseo de antes, pero cuando te veo... cuando veo cómo llenas la
palabra tan pequeña para cargar con tanto odio. Ella siempre había sido una mujer de curvas generosas, de caderas anchas y busto fi
a? -preguntó ella, con una claridad
diato, lo cual fue la resp
gimnasio. Ella es... diferente. Me hace sentir que n
mecánicamente su bolso. No cerró la maleta; simplemente dejó atrás la lencería roja y los sueños de un futuro que nunca existió. Sal
mo el peso que cargaba en el pecho. Isabella siempre se había considerado una mujer fuerte, orgullosa de su cuerpo a pesar
mente. "Si el hombre que dormía contigo no p
recuentado por académicos y gente que buscaba discreción. Era el lugar favorito de su tío menor y de su padre, Berto, cuando querían
caro. Se dirigió directamente a la barra, ignorando las miradas de algunos clientes q
n hielo -le dijo al
estómago. Pidió el segundo. Y el tercero. Con cada vaso, la imagen de Diego y su nueva "amiga ligera" se volvía m
a. El whisky es para paladearlo, no pa
ca de Isabella se erizaran. No necesitaba girarse para saber quién era. Solo había un hombre en su c
l Blac
un hermano. El profesor de filosofía que siempre parecía obs
o, con la corbata ligeramente aflojada y esos ojos azules gélidos que parecían ver a través de todas sus capas. Gabriel no se veía sorprendido de verla all
onrisa amarga-. Qué sorpresa. ¿Vienes a darme una cla
spetuosa pero cargada de una presencia abrumadora. Hizo una seña al ba
on apenas un milímetro al notar el rastro de rímel corrido en las mejillas d
rcajada seca que sonó
prefiere a alguien que no tenga que esforzarse por mirar? Porque es
go que no encajaba con su naturaleza analítica. Había observado a Isabella crecer desde que era una adolescente, siempre admirando en secreto la calidez que
ú no deberías estar aquí destruyéndote por las palabras de un hombre que no t
personal. El aroma de Gabriel, una mezcla de sánda
que nadie querría estar con alguien como yo. Y lo peor... lo peor es que tiene razón. Ni siquiera sé cómo funciona mi propio cuerpo. Nunca he tenido
encontraban. Pero mientras miraba los labios temblorosos de Isabella y la desesperación en sus ojos, algo camb
a octava, volviéndose peligrosamente íntima-. Eres un lib
, desafiándolo con la mira
igo de mi padre, enséñame lo que Diego no pudo. Enséñame a no
conversación. Pero la imagen de Isabella, con sus curvas bajo la ropa húmeda y es
ó Gabriel, su voz era ahora un susurro cargado de un
ella-. Y tú siempre dices q
o habría retorno. El mejor amigo de Berto, el hermano de su ex... todas esas etiquetas se desvanec
aré. Pero bajo mis reglas. Nadie puede saberlo. Ni Diego, ni mucho menos tu padre. Serás mi a
trato estaba sellado en la penumbra del bar, y con él, el inicio de una caída h
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