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legó un martes. Decía claramente que la única plaza asig
enunciado a la protección de nuestro hijo
ue", y lo envió a una cabaña sin vigilanc
ués, los rusos
escate. Solo un paquete que contenía un trozo de algodón
an's, pasó por encima de mí mientras yo lloraba en e
ca más oiría la risa de mi hijo, me tragué u
oscurida
martilleándome las costillas. La
Ma
la puerta, con su pijama d
Era 15 de mayo. El d
calcificó hasta converti
a de la farsa de la viuda. Sabía ex
número que ninguna esposa debía l
traición -dije-.
ítu
solo un pedazo de papel; era la sentencia de muerte de mi hijo, firma
impecable casa en Cumbres, la gruesa ca
a plaza asignada al Capo Tom
vin Es
al, oliendo a whisky caro y al dulzor
uiera
entrada, el sonido resonando como
-dije, mi voz a
ata, con una expresión
ado, Sara.
golpeó como un puñetazo en el estómago-. Le dis
s fríos y desprovistos de cualqui
palabras suaves como el aceite-. Apoyarla le da pres
rcándome a él con una rabia temblor
cocina como si yo fuera un fantasma-. Necesita hacerse duro. Lo v
hado contra él
le arranca
ra la bue
para cantar canciones bonitas y nunca
ue le
en los ojos, metiendo su peluche de din
es, viéndolo subir a una camioneta negra
te, mi amo
cristal polarizado, su pequeña ma
tima vez que
spués, sonó
ra T
apenas conocía, con
no tenía
sa había est
llev
l teléfono resbalando d
a casa hor
llo
nfur
a copa y me
era un mueble roto-. Así es esta vida. La gente muere. Si no lo hubi
cul
una jugada política, por una
llegó a la ma
petición
un me
uete había un
ul con un
angre que se había v
o, el olor metálico llen
a se ha
a. Probablemen
hacia e
el bo
rasco de somníf
ribí u
a nadie p
para que el silencio ahogara el sonido de la voz de
ad llegó r
sada y
di la bi
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