vista d
, gemí, pasándome un
icó ella con un tono que n
argos años, y sigues sin tener una reina a tu lado. ¡Es i
rganizara un baile de elección. Una ridícula farsa en la que todas las licántropas y lobas, y cualquier otra criatura
s mi culpa que aún no haya encontrado a mi verdad
rígida, pero
pareja", continué, apen
ofundo de mi ser. Un día, tarde o temprano, nuestros caminos se cruzarán. Y cuando llegue ese d
nes que empezar a aceptar la posibilidad de que haya pasado alguna cosa. Puede que esté muerta, o algo peor. Pero debes poner el reino primero, hijo. Tus súbditos necesitan a su Luna
agotamiento y su tristeza. Pero el peso de sus palab
xiantes. Mi madre dio un paso atrás por instinto, pues su
a mi cama a otra mujer que no era la mía, de atarla a mí con una marca que tendría que ser renovada a la fuerza cada maldita semana, como un grote
do sucedía... La pareja elegida tendría que matar a mi compañera destinada para conser
a vez has pensado en quién habrías sido o dónde
tit
omprendo tu dolor, y me entristece cada día verte salir del palacio en busca de tu pareja. Viajas a otros reinos, pasas por fuera semanas, a vec
necesita a su Luna Suprema. No solo es tradición, hijo, sino también estabil
n, sintiendo cómo la guerra en mi interior rugía con más fuerza. Al fin
ensación visceral de que mi pareja estaba ahí afuera, esperándome. Comencé a caminar inquieto sobre el suelo de
do, estrellé mi puño contra la pared de piedra, la cual se agrietó y se hundió bajo
que mi madre decía la verdad: tenía un reino que dirigir, y necesitaba una Luna, una reina, alguie
tu manera, madre. Organiza el b
é la mano antes de que ella pudiera hablar. "Sin embargo...", continué. "Concédeme hasta el final de
la has encontrado en cinco años
enos fuertes, y reiteré: "Independientemente del resultado, esto es lo que
. De verdad te d
o hasta desaparecer en la distancia. Me quedé ahí un momento más, sinti
randes ventanales que enmarcaban el sol poniente. La luz dora
ico heredero al trono de Khragnir, un depredador alfa, la b
con amargura, porque incluso con todo mi poder, riqueza e
ropos, a diferencia de los hombres lobo, estábamos destinados a estar con una sola persona, y el equilibrio del mundo dependía de ese emparejamiento. Un yin y un
ampiros y demás. Ellos tenían opciones, podían enamorarse de cualquier espe
el estómago mientras un frío y amargo nudo de celos y rabia me trepaba lentamente por la columna. Si ese fuera
ra. No dudaría ni un segundo. Mataría a ese hombre, sin dudarlo.
or culpa de otro hombre. Solo imaginarlo era insoportable. Pero en lo más profundo de mi alma, temía la verdad: me da
gas políticas y, aun así, no había ni rastro de ella. Sin embargo, no podía rendirme, todavía no, no hasta el final de esta semana.
era el encargado de hacer cumplir mis órdenes, sino también mi mano derecha de mayor confianza y mi
s antes de que se oyera su
la ciudad. Asegúrate de ser lo más discreto posible. No qu
on órdenes, A
un pantalón de sudadera sencillo y un saco con capucha que encontré en el fondo de mi armario. Hoy no necesitaba atuendo real. Luego tomé un par de gafas de sol oscuras y saqué una mas
rencia. Sus ojos no se apartaron de los míos mientras abría la puerta del auto. Sin decir nada, me deslicé den
deslizó en su asiento y prendió el motor. Se oyó el
manada en particu
abeza contra el frío cuero. No había id
entre manos. "Solo quiero ir a mirar un rato, ver cómo está ahora, hacerme una idea de lo que hace mi gente...
trovisor cómo sus ojos se desviaban brevemente hacia mí. Si
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