“Durante diez años, mi vida entera fue para Dante Moretti. Esperé a cumplir los dieciocho, sabiendo que el Alfa de la Manada de la Nebulosa Oscura era mi pareja destinada. Pero cuando por fin llegó el día, no me reclamó. En su lugar, trajo a Isabella a casa. Una guerrera. Una pieza clave en su juego político. -Bienvenida a casa, mi futura Luna -anunció a la manada, haciendo mi corazón pedazos frente a todos. Yo solo era la huérfana que no podía transformarse. Un estorbo. Para asegurarse de que entendiera mi lugar, Isabella me ofreció un "regalo". Un collar de plata pura. Para un humano, es una joya. Para un lobo, es ácido. Cuando lo cerró alrededor de mi cuello, el metal siseó. El olor de mi propia carne quemándose inundó el aire. Caí de rodillas, gritando, mirando a Dante con los ojos llenos de lágrimas. Le supliqué que la detuviera. Pero él se limitó a mirarme, su rostro era una máscara de lógica helada. -Póntelo -ordenó, ignorando el humo que salía de mi piel-. Considéralo una lección. Si te lo quitas, te vas de la Manada. Él creía que me estaba protegiendo. Creía que, si me hacía ver débil, me salvaría de sus enemigos. No se daba cuenta de que estaba matando a la chica que lo amaba. Esa noche, no solo me quité el collar. Cerré los ojos, encontré el hilo dorado de nuestro Lazo de Pareja en mi mente y lo rompí en dos. Dante se derrumbó en el pasillo, agarrándose el pecho en plena agonía al sentir cómo moría nuestra conexión. -¿Qué hiciste? -susurró al vacío. -Te liberé, Alfa -dije. Y después, corrí hacia la tormenta. Él pensaba que yo era una humana indefensa. No sabía que yo era la hija perdida del linaje real del Lobo Blanco. Y cuando regresara, no sería para arrodillarme.”