“Fui la hija del pescador mudo que se casó con el Rey de la Ciudad de México, solo para convertirme en su prisionera. Dante Vitela no me amaba; usaba mi silencio como un arma y dejaba que su amante, Valeria, gobernara mi casa. Cuando Valeria se envenenó para culparme, a Dante no le importó la verdad. Me desangró para salvarle la vida y luego me arrojó a un calabozo helado para que me pudriera entre las ratas. Planeaba casarse con ella mientras yo temblaba en la oscuridad, diciéndome que no era más que una arrastrada. Sin voz para gritar y sin forma de luchar, elegí la única salida que me quedaba. Me tragué un frasco de toxina letal de pez globo, cambiando mi vida por un coma que simulaba la muerte. Quería atormentarlo. Quería que mi cuerpo frío fuera su castigo. Pero cuando desperté un año después, el mundo había cambiado. No estaba en el infierno. Estaba en una clínica, y Dante yacía en el suelo con una bala en la sien. Había descubierto la verdad demasiado tarde. Para despertarme, había aceptado un juego mortal de ruleta rusa. Firmó nuestros papeles de divorcio con mano firme y luego apretó el gatillo para comprar mi libertad. El monstruo estaba muerto. Y por primera vez, el silencio me pertenecía a mí.”