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Demasiado tarde: La hija que sobra se le escapa

Capítulo 4 Capítulo

Palabras:882    |    Actualizado en: 04/01/2026

tiello en pu

ntra el agua, destro

estuviera hecha de vidrio hilado, prot

amente y sus dedos arañ

u voz resonó en las paredes de p

frías, con la respiración entrecort

antoso debajo de mí. Un dolor intenso y cegador me s

rme, pero mis b

e se

re que conocía. Era una máscara

ó, y las palabras cayer

ndo contra los puntos negro

de su cuello para ocultar la sequedad de sus ojos. "¡Dijo que

opa. Depositó a Isabella con cuidado en un banco de pied

ió su atenc

con el agua goteando de s

a un v

ho -dijo. Su voz era aterradoramente tranquila, un contraste mortal

susurré con la

uvo en

diji

ás ahora", dije con voz áspera, mirándolo a

, mi padre irrumpió en el pati

l Don mientras su presencia

-gritó Dante sin apa

me pidió mi versión.

n dos pasos y me dio

a cabeza. Sentí un fuerte olor metálico

re, mirándome como si fuera algo

rdenó Dante a los soldados, c

eron de par en p

tal. El lugar donde guardaban l

perando el dolor en la pierna-. Hace u

, dándome la espalda-. Quizás una noche con

se apoderaron

a levantarme.

ra el concreto, haciendo vibrar

gutural, pero nadie me e

acia el ascens

ndo el sótano, hasta la

netrante. El ardor químico del

ada puerta de acero de la m

o inoxidable cubrían las paredes, brilla

do. Una tum

dera golpeó contra la dura superficie,

iciste", se burló u

ron la puer

o clic con un so

d me tragó

to. Pesado

en mis huesos, pasando por alto mi piel

illas contra el pecho y tratando de

zaron a castañet

uerza y traté de ima

el crepitar y el c

forma en que me había acostado a su lado para d

, susurró entonces,

abrazándolo fuerte. *

a dado

a dado

ía encerrado e

cuchillo de sierra se r

hipotermia, com

prendiéndose d

e resonaban en

habían muerto en la mesa de operaciones antes que y

mori

amaba era el que ha

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Demasiado tarde: La hija que sobra se le escapa
Demasiado tarde: La hija que sobra se le escapa
“Morí un martes. No fue una muerte rápida. Fue lenta, fría y meticulosamente planeada por el hombre que se hacía llamar mi padre. Tenía veinte años. Necesitaba mi riñón para salvar a mi hermana. La refacción para la niña de oro. Recuerdo las luces cegadoras del quirófano, el olor estéril a traición y el dolor fantasma del bisturí de un cirujano abriéndome la carne mientras mis gritos resonaban sin que nadie los oyera. Recuerdo mirar a través del cristal de observación y verlo a él -mi padre, Joaquín Villalobos, el Patrón del Cártel de Monterrey- observándome morir con la misma expresión gélida que usaba al firmar una sentencia de muerte. La eligió a ella. Siempre la elegía a ella. Y entonces, desperté. No en el cielo. No en el infierno. Sino en mi propia cama, un año antes de mi ejecución programada. Mi cuerpo estaba completo, sin cicatrices. La línea de tiempo se había reiniciado, un fallo en la cruel matriz de mi existencia, dándome una segunda oportunidad que nunca pedí. Esta vez, cuando mi padre me entregó un boleto de ida a Madrid -un exilio disfrazado de liquidación-, no lloré. No rogué. Mi corazón, antes una herida abierta y sangrante, era ahora un témpano de hielo. Él no sabía que estaba hablando con un fantasma. No sabía que yo ya había vivido su traición definitiva. Tampoco sabía que seis meses atrás, durante las brutales guerras territoriales de la ciudad, fui yo quien salvó a su activo más valioso. En una casa de seguridad secreta, suturé las heridas de un soldado cegado, un hombre cuya vida pendía de un hilo. Él nunca vio mi rostro. Solo conoció mi voz, el aroma a vainilla y el toque firme de mis manos. Me llamó Siete. Por los siete puntos que le puse en el hombro. Ese hombre era Dante Montenegro. El Capo Despiadado. El hombre con el que mi hermana, Isabella, ahora está destinada a casarse. Ella robó mi historia. Reclamó mis acciones, mi voz, mi aroma. Y Dante, el hombre que podía detectar una mentira a un kilómetro de distancia, creyó el hermoso engaño porque quería que fuera verdad. Quería que la niña de oro fuera su salvadora, no la hermana invisible que solo servía para dar refacciones. Así que tomé el boleto. En mi vida pasada, luché contra ellos, y me silenciaron en una mesa de operaciones. Esta vez, les dejaré tener su mentira perfecta y dorada. Iré a Madrid. Desapareceré. Dejaré que Sofía Villalobos muera en ese avión. Pero no seré una víctima. Esta vez, no seré el cordero llevado al matadero. Esta vez, desde las sombras de mi exilio, seré yo quien sostenga el cerillo. Y esperaré, con la paciencia de los muertos, a ver su mundo entero arder. Porque un fantasma no tiene nada que perder, y una reina de cenizas tiene un imperio por ganar.”
1 Capítulo 1 Capítulo2 Capítulo 2 Capítulo3 Capítulo 3 Capítulo4 Capítulo 4 Capítulo5 Capítulo 5 Capítulo6 Capítulo 6 Capítulo7 Capítulo 7 Capítulo8 Capítulo 8 Capítulo9 Capítulo 9 Capítulo10 Capítulo 10 Capítulo11 Capítulo 11 Capítulo12 Capítulo 12 Capítulo13 Capítulo 13 Capítulo14 Capítulo 14 Capítulo15 Capítulo 15 Capítulo16 Capítulo 16 Capítulo17 Capítulo 17 Capítulo18 Capítulo 18 Capítulo19 Capítulo 19 Capítulo20 Capítulo 20 Capítulo21 Capítulo 21 Capítulo22 Capítulo 22 Capítulo23 Capítulo 23 Capítulo24 Capítulo 24 Capítulo25 Capítulo 25 Capítulo26 Capítulo 26 Capítulo27 Capítulo 27 Capítulo28 Capítulo 28 Capítulo29 Capítulo 29 Capítulo