“Durante nueve años, fui el secreto de Alejandro Garza. Fui su saco de boxeo emocional, la sustituta conveniente de mi hermana gemela, Valeria, la mujer que él realmente amaba. Soporté su crueldad, convenciéndome de que su control era una retorcida forma de amor. Entonces, justo antes de que anunciara su compromiso, Valeria me envió una grabación. Era Alejandro, con su voz suave y despectiva. -¿Sofía? Es útil -le decía a Valeria-. Una válvula de escape. Necesito desahogarme con alguien para poder ser el hombre perfecto para ti. La fría verdad me hizo pedazos. No era una persona, ni siquiera un reemplazo. Era una herramienta. Esa noche, pulió el anillo de compromiso de Valeria justo frente a mí antes de terminar nuestro "juego" de nueve años con una sola llamada telefónica, cargada de aburrimiento. Él nunca supo que yo fui la chica que lo salvó en un campamento de verano hace tantos años, no Valeria. Había calificado mis intentos de decirle la verdad como "patéticos". Así que empaqué una sola maleta y desaparecí en la noche, dejando su jaula dorada por una tranquila granja en Valle de Bravo. Pero justo cuando empezaba a sanar, me encontró, con la prueba de mi historia en la mano, suplicando por una segunda oportunidad que no tenía intención de darle.”