“Durante siete años, amé a mi tutor, Ricardo de la Vega. Él era mi protector, mi familia, mi mundo entero. El día que me le declaré, dijo que mi amor era "enfermizo" y me echó a la calle. Luego, trajo a casa a su prometida, Cristina. Ella se quedó con mi cuarto y mis recuerdos antes de revelar que su compromiso era una "farsa", un juego perverso que Ricardo diseñó para demostrar que yo era una carga y alejarme para siempre. Su acto final de crueldad fue pedirme que fuera su dama de honor principal. El hombre que me crio no solo me había rechazado; había orquestado mi humillación total solo para librarse de su responsabilidad. Con el corazón destrozado, escapé a Monterrey para empezar de nuevo. Conocí a Adolfo Garza, un mentor brillante e intenso que vio el dolor que yo intentaba ocultar. Pero justo cuando empezaba a sentirme a salvo, me acorraló, sus ojos guardando un secreto impactante. -Alya -susurró, su voz baja y urgente-. ¿Cuál es el nombre de tu madre?”