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El juego de amor más cruel de mi guardián

Capítulo 3 

Palabras:1709    |    Actualizado en: 30/12/2025

ista de Al

erando en secreto que me agarrara del brazo, me dijera que estaba siendo tonta, que pertenecía aquí con él. Nunca lo hizo. Simplemente asentía, su expresión indescifrable, y de

Valdés, mi corazón no dolía por que él me detuviera. Dolía por escapar. No esperaba

ó por un largo momento, su mi

misma. Y a veces, la elección más difícil es la que te libera. -Se subió las gafas por la nariz-. El programa del Tec es muy competitivo. Necesitarí

en los ojos, pero las contuve fe

i voz espesa por la emoción-. S

oz e inquebrantable,

. Creía que si me mantenía lo suficientemente ocupada, si trabajaba lo suficientemente duro, el dolor abrasador en mi pecho se atenuaría, el vacío se l

í la puerta del cuarto de huéspedes -mi nuevo cuarto- y me congelé. Ricardo estaba allí, sentado en el bord

n destello no deseado de la vieja esperanza. Apreté mi mo

e, mi voz pla

o relicario de plata. Mi relicario. El que tenía la foto de mi padre adentro, que me había dado

uave de lo que esperaba-. Estaba e

bolo del amor que había perdido, el amor que Ricardo había reemplazado. Lo sostenía con tanta delicadeza, casi

frialdad que me había mostrado durante meses. Sus acciones eran un conf

silencio. Su voz

huir, causar problemas... no es

ición subyacente de que simplemente estaba "enoja

n recuerdo precioso. Era un ciclo que conocía demasiado bien: su leve preocupación, mi aferramiento desesperado, s

asa humeante, ocasionalmente avivada por una ráfaga cruel de viento, solo para ser extinguida de nuevo. El pes

rme, desprovista de la emoción que rugía de

Ya no estaba enojada; sim

cuando no encajaba en sus pulcras cajitas de emoción. Sacó una invitación ornamentada d

anual la próxima semana. Es un event

den, entregada con la autoridad

bra una rendición silenciosa. No te

ligeramente-, no hagas una escena. Cris

en el aire. Su prioridad, como siempre,

mi pecho se intensifi

mas, R

es de que pudiera detener

largo y agonizante. No dijo nada. Pero en sus ojos, en el sutil endurecimiento de su mandí

a tradición silenciosa. Pero una bolsa de diseñador, rebosante de los materiales de arte de Cris, estaba allí, una

e, su cabello rojo capt

labios-. Ese asiento es mío ahora, cariño. Ricardo dice que me ma

rando sistemáticamente de cada rincón de su vida. Incluso el asiento del copiloto

s fáciles, la mano de Cris a menudo descansando en el brazo de Ricardo. Discutieron sobre arte, leyes, sus planes para el fin de semana. Escuché, mi prese

nversaciones susurradas y el tintineo de las copas de champán. Cris, deslum

asi violento de colores, que representaba el rostro de una mujer, devastado por las lágrimas, sus ojos abier

re la naturaleza sofocante de un amor que nunca puede ser correspondido, la agonía de anhelar a alguien que te ve

bía. Había visto a través de mí, a través de mi corazón ro

o.

éndose hacia Ricardo con una sonrisa deslumbrante-. E

ón en blanco. Luego, habló, su voz cor

biertas de afecto no correspondido... fastidiosas.

eccionando mi alma, mi dolor más profundo, y considerándolo inmaduro. Cris había pintado mi desamor, y Ricardo l

tables. No podía respirar. Tenía que salir. Me di la vuelta

de falsa preocupación, me siguió-. Te ves un

forzando una sonris

ura profundidad emocional -dije, el sarcasmo lo sufi

io sua

ra, después de todo. -Dio un paso más cerca, su voz bajando a un susur

omo estuvimos a unos pasos de Ricardo. Sus ojos se en

de aferrarte a él. Se acabó. Él me eligió a mí. Y siempre lo hará. -Su voz era un silbido bajo y pe

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El juego de amor más cruel de mi guardián
El juego de amor más cruel de mi guardián
“Durante siete años, amé a mi tutor, Ricardo de la Vega. Él era mi protector, mi familia, mi mundo entero. El día que me le declaré, dijo que mi amor era "enfermizo" y me echó a la calle. Luego, trajo a casa a su prometida, Cristina. Ella se quedó con mi cuarto y mis recuerdos antes de revelar que su compromiso era una "farsa", un juego perverso que Ricardo diseñó para demostrar que yo era una carga y alejarme para siempre. Su acto final de crueldad fue pedirme que fuera su dama de honor principal. El hombre que me crio no solo me había rechazado; había orquestado mi humillación total solo para librarse de su responsabilidad. Con el corazón destrozado, escapé a Monterrey para empezar de nuevo. Conocí a Adolfo Garza, un mentor brillante e intenso que vio el dolor que yo intentaba ocultar. Pero justo cuando empezaba a sentirme a salvo, me acorraló, sus ojos guardando un secreto impactante. -Alya -susurró, su voz baja y urgente-. ¿Cuál es el nombre de tu madre?”
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