“Mi esposo, Gerardo, salió corriendo a una llamada de emergencia de TI, olvidando su celular. Una alerta de BBVA iluminó la pantalla: un pago de hipoteca de $25,000 a su exesposa, Jacqueline Ríos. Se me hundió el corazón. Durante cinco años, me había dicho que su sueldo neto era de solo $40,000 al mes, y yo me las arreglaba a duras penas para cubrir los gastos de nuestra familia con los miserables $12,000 que me daba. Cuando lo confronté, balbuceó excusas, y sus padres, que siempre lo supieron todo, defendieron su "obligación" con su pasado. Pero las mentiras eran mucho más profundas. Pronto descubrí que su ingreso real era más del doble de lo que decía, y que nuestros cinco años de matrimonio se habían construido sobre una base de engaños para pagar su culpa por haberle sido infiel a su primera esposa. Me tuvo recortando cupones del súper y diciéndole a nuestro hijo, Leo, que "no" a los antojos más simples, todo mientras él desviaba en secreto $1,500,000 de nuestro dinero a su ex. No solo estaba mintiendo; estaba robándonos nuestro futuro. Fue entonces cuando dejé de llorar y empecé a reunir pruebas. Contraté a una abogada y entré a ese juzgado lista para recuperar cada centavo que nos robó a mí y a nuestro hijo.”