sta, las paredes de concreto pulido y los ventanales que daban a un abismo de pinos oscu
n el vestido de novia, aunque se había despojado de las joyas y del velo. El silencio era tan denso que podí
astrando la chaqueta del esmoquin por el suelo. Su camisa blanca estaba desabrochada en el cuello y su cabello,
n sangre por el cansancio, la recorrieron con una mezcla de
tó él, su voz era un rasguño en la os
stián. Tradicionalmente, la
ra salvar el balance general de una empresa hotelera e
o trago y lo bebió de un golpe. Laura se puso de pie. El roce de
nos -dijo ella, acercándose-. O en este caso, con algo más. ¿Tan po
acortando la distancia entre ellos en dos zancadas. La tomó del brazo, no co
rozó la oreja de ella-. Estás preciosa. Eres joven, inteligente y tienes una boca que invita a cualquier hombre a com
e golpeaba las costillas-. ¿Hablas de la mujer que convertist
ostro se volvió una máscara de piedra bajo la lu
o a cada centavo de mi fortuna. Tendrás la protección de mi nombre y nadie en este país se atreverá a tocarte. Pero nun
o pulso y ella es solo un recuerdo que tú
sta casa: Nunca cruces la puerta del ala oeste. Si te encuentro allí, el contrato
luto, una muralla de hielo que él había construido durante ocho años. Pero en lugar d
o la espalda-. Pero déjame decirte algo, "Rey de
isa amarga mientras s
sí?
soportamos el vacío. Tú crees que el ala oeste es tu santuario, pero
esta vez con una mirada desafiante-. Intenta cruza
. No me queda nada que perder, y eso me hace mucho más peligrosa que t
e eléctrica, una atracción oscura nacida de dos almas heridas que se reconocían en la penumbra. Él estiró la mano, rozando con
u agenda. Tienes eventos que cubrir, fundacion
ajo, Sebastián? ¿Vi
s asegurar qu
ra se quedó sola en medio de la habitación, bajo la luz fría de la luna. Se
rando hacia la dirección del ala oeste-. No
das castañas cayeran sobre sus hombros. Ya no era la novia sumis
abitación con cautela. A lo lejos, vio a Marcus Thorne subiendo las es
mo esperaba? -pregunt
prohibido el ala oeste. Me ha d
olor no saldrá -Marcus suspiró-. Pero el dolor e
o por curiosidad, sino porque no puedo
egurándose de que Sebastián no saliera. Luego, sacó un
. Pero te advierto una cosa: lo que hay allí dentro no es un secreto, es un
ave fría contra la
mper algo para pode
Blackwood. En esta casa, la verdad no siempre te hace l
a regresó a su habitación. Vio a través de la puerta entreabierta del vestidor que Sebastián estaba sentad
ama, pero no se quitó la ropa de seda. Se quedó allí, mirand
ián le había pedido que no buscara su amor, y ella estaba dispuesta a obedece
o-. Porque mañana, el invierno que tanto te gust
la oeste, una cortina se movió sin que hubiera viento. El juego ya no era un contrato;
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