/0/21696/coverbig.jpg?v=3990a3e2f9ef2b371bd9e289abd0cff0&imageMogr2/format/webp)
, sino de asfixia. El aire olía a papel viejo, a café frío
o de niña, ahora estaban surcadas por venas azules y temblaban de forma errátic
rró Mauricio Valladares, aunque su mir
en las puertas de cada hotel de la cadena. Y
omo una mártir de una novela antigua; se veía como una estratega. Llevaba un traje sastre de color marfil que c
firme-. Siete mil trescientos días de mi vida a cambio
Dicen que no tiene sangre,
ndrá bien el fr
ido seco de la puerta doble abriéndose de par en par. El aire se retiró de
ró
ros anchos y su estatura intimidante. Tenía treinta y dos años, pero cargaba con la gravedad de un emperador antiguo. Su rostro era una o
ricio. Mucho
un barítono profundo que vibró en el pe
Sr. Blackwood -b
uvia llenó el espacio de Laura. Él se detuvo a escasos cen
ordenó S
ación. Se puso de pie, obligándolo por fin a notar su presen
erle mi libertad, me gustaría al menos que me mirara a la cara. Si va a se
como ser golpeada por una ráfaga de viento ártico. Eran profun
a paz de mi junta directiva, que exige un CEO con una imagen familiar estable. Eres un ac
teniéndole la mirada-. ¿O es que el Rey de Acero tiene miedo de
en las pupilas de Sebastián. Un ati
arcus me dijo que eras una artista sensible. Me mi
Blackwood. Las víboras sobreviven a los ince
la pluma de la mano temblorosa de Mauricio, ignorando el patetis
o-. Mañana a las ocho, un coche te recogerá. No traigas muchas maletas. Todo lo que pos
Sr. Blackwood? -preguntó e
Se giró lentamente, recorriéndola con una mira
da que me recuerde que alguna ve
eco de sus pasos sobre el mármol del pas
plomó en su silla, cubrién
¿qué he
n alejarse como una mancha de tinta en la ciudad. Se tocó el cuello,
cia que la asustaba-. Él cree que ha comprado una estatua para su mans
ruirá -soll
ene el acero, pero yo tengo el fuego. Y el acero, a
Laura vibró. Era un mensa
sa, el fuego está prohibido. Pr
lla no era la víctima de un matrimonio arreglado; era la jugadora que acababa de entrar en el tablero del hombre más
nta de un detalle que su padre había pasado por alto. Había una cláusula pequeña, escrita en la últi
, la totalidad de las acciones hoteleras revertirán a Lau
taba salvando. Laura sabí
do la luz del despacho-. Espero que tu armadura sea tan
orrando las huellas del coche que se había llevado
/0/21696/coverbig.jpg?v=3990a3e2f9ef2b371bd9e289abd0cff0&imageMogr2/format/webp)