La entrada de Ethan Vance no fue humana; fue una fuerza de la naturaleza contenida en un traje de tres piezas, irrumpiendo en un escenario que no estaba preparado para él. A pesar de la violencia del impacto, él permanecía en el asiento del conductor, con una calma gélida que contrastaba con el vapor sibilante que escapaba del radiador destrozado.
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