“Perdí mi pierna por salvar a mi esposo, Maximiliano. Mi carrera como bailarina de ballet se acabó, pero mi madre, en su lecho de muerte, había conseguido un trasplante de corazón perfecto para mi hermana, Sofía. Teníamos esperanza. Pero Maximiliano regaló ese corazón. Él y su amante lo usaron como moneda de cambio en un negocio. Sofía murió. Cuando lo enfrenté en el hospital, me aventó contra la pared. La caída no solo hizo añicos mi mundo; provocó que perdiera al bebé que no sabía que llevaba dentro. En una sola noche, me arrebató a mi hermana y a mi hijo. Mientras yacía sangrando en el suelo, miré al hombre por el que una vez sacrifiqué todo y le hice una promesa. -Te vas a arrepentir de esto por el resto de tu vida. Me divorcié de él y desaparecí. Un año y medio después, me encontró. Era un hombre destrozado, suplicando mi perdón. Lo miré a los ojos y le di mi respuesta final. -Para un asesino no hay segundas oportunidades.”