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Las Cenizas de Nuestro Amor

Capítulo 5 

Palabras:641    |    Actualizado en: 18/12/2025

o P

po inerte en el suelo, la sangre manchando sus labios. El mun

is oídos. La imagen de la sangre en los labios de mi abuelo se grabó a

culpa. Tenía que salvarlo. Tenía que salvar al único hombre que

manos temblaban incontrolablemente mientras lo levantaba. "¡Abuelo! ¡Resiste,

erpo estaba frío, i

ientes, que ahora me miraban con una mezcla de ho

tro, algunos llorando, otros haciendo llamadas frenéticas. La familia S

resuraron a atender a mi abuelo. Yo me quedé allí, en la sala de espera, mis manos manchadas de sa

s. "Lo hemos estabilizado," dijo, su voz monótona. "El señor Don Leopoldo ha sufrido un in

"Entonces... ¿se pondrá bien?" p

bemos. Ha caído en un coma. Solo el tiempo dirá si su voluntad de vivir

n corazón tan delicado. Sus acciones de hoy casi

table. Fabiana, el bebé, Silvana, mi abuelo... todo se había derrumbado

i ropa se mezclaba con el aséptico aroma del hospital, una combinación nauseabun

stado crítico de mi abuelo. Todo era el resultado de mis propias acciones

ancólico. El sonido de los monitores médicos, los pitidos constantes, eran un recordat

miedo al vacío que Silvana había dejado en mi vida. Solo entonces, en ese abism

vana del suelo, donde había caído cuando mi abuelo me arrojó su tel

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Las Cenizas de Nuestro Amor
Las Cenizas de Nuestro Amor
“Mi madre murió por protegerme y en el mismo ataque perdí al bebé que esperaba. Creí que al fin sería libre de mi jaula de oro, pero el infierno apenas comenzaba. Mi esposo, Hugo, no solo me culpó de todo, sino que se refugió en los brazos de su amante, Fabiana, la misma mujer que orquestó mi desgracia. Mientras yo me recuperaba, ella me envió un video íntimo con él, burlándose de mi dolor. La crueldad fue tal que el abuelo de Hugo, Don Leopoldo, al enterarse de la verdad, sufrió un infarto fulminante y murió. Con mi madre y mi hijo muertos, y el último pilar de la familia Serrano derrumbado, las cadenas que me ataban a ese mundo de apariencias y dolor se rompieron para siempre. En el funeral, Hugo, destrozado, me rogó que me quedara. "Es demasiado tarde", le dije, y me di la vuelta, lista para reclamar la vida que me habían robado.”
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