“Durante cuatro años, creí que mi prometido, Damián, estaba luchando por nosotros. Lo vi soportar los castigos crueles de su abuelo -el exilio, la ruina financiera, la humillación pública-, todo porque supuestamente el viejo se negaba a aprobar nuestro matrimonio. Esperé, creyendo que su sacrificio era la prueba máxima de su amor. Entonces encontré el documento real escondido en su oficina. No era un rechazo. Era una aprobación, sellada y fechada, con un diminuto "no" falsificado, garabateado con una tinta diferente. Toda la lucha de cuatro años fue una mentira. Cuando lo confronté, se derrumbó. Lo hizo por su asistente obsesiva, Cynthia. -Ella no puede vivir sin mí, Sofía -suplicó-. Me necesita. Mi mundo se vino abajo. Su devoción no era para mí; era una actuación para apaciguar a otra mujer. Todos sus "sacrificios" eran solo una forma cruel de mantenerme esperando mientras él jugaba al héroe para alguien más. Así que cuando me abandonó por última vez para correr al lado de Cynthia, tomé mi decisión. Hice las maletas, dejé la Ciudad de México y empecé una nueva vida, decidida a no volver a ser la segunda opción de nadie nunca más.”