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Hasta que la muerte nos separe, de verdad

Hasta que la muerte nos separe, de verdad

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Capítulo 1 

Palabras:1543    |    Actualizado en: 17/12/2025

un infiel en serie, y yo

trimonio; lo presumió en públic

ultura que hice para mi madre muerta, riéndos

, congeló mis bienes, destruyó mi carrera y me

ugar de eso, se convirtió en el monstruo que usó

o una fecha límite y

destruyera a su amante y se arruinara a sí

hombre roto ofreciéndome su imperio

fría como la tumba-, es hor

ítu

ista de An

cuando el puño de Agustín se estrelló contra la puerta de la

rojo floreció como una flor violenta sobre la pintura blanca e impecable. Ni siquiera gritó todavía, pero el silencio que siguió al estru

un gruñido sordo, apenas audible sobre

onente y amenazadora. Su pregunta quedó suspendida en el aire, de

go, una calma extraña se había instalado. Una calma escalofriante, casi victoriosa. Se m

un susurro, pero cruzó el silencio roto de la ha

sabía que poseía, un veneno de acción lenta diseña

so más cerca, sus

ando metes a un extraño en nuestra cama, en mi casa? -escupió las palabras, cada un

e, invocar la culpa. Pero solo había un esp

e in

lo que hicimos, Agustín? ¿O

s. No era solo la traición, era el dolor crónico y punzante que se había convertido en

ró, una máscara de i

, ¿verdad? Todo est

ndidad de mi resentimiento fuera una r

ora una compañía constante, un cruel recordatorio de la enfermedad que me devoraba por dentro. Mi cuerpo

vez me dijiste, Agustín, que el amor y el odio son las dos caras

a suya, de donde había golpeado la puerta, o quizás la mía, de los dolores fantasma que me arañaban

da detrás de él. Sus nudillos sangraban abundantemente, goteando sobre la alfombra blanca e impecable

a voz era joven, desco

Estaba congelado en el pasillo, agarrando su cam

ó. Solo levantó una mano,

su voz baja y p

atrás, buscando a tientas la puerta, y luego se fue, deja

ió lenta, deliberadamente, como un depredador acechando a su presa. Cada músculo de mi cuer

garre era de hierro, ineludible. Me arrastró sobre los vidrios rotos, ignorando el crujido bajo nuestros pies, los afilados

ujón violento, me arrojó a la enorme bañera de mármol. El impacto hizo que me castañetearan los dientes, y antes de que pudiera siquiera

helado. Sus ojos, todavía ardiendo de furia, tenían un aterrador destello de algo más: una

abrasadora. Me agité, el agua salpicando salvajemente, en un intento desesperado y fútil de e

Sin pensar, lo balanceé, un arco salvaje y desesperado dirigido a su cabez

sus ojos nunca dejaron los míos. Eran pozos profundos e insondables de dolor y

o se abalanzó sobre mí en un instante, sus manos en mi cuello, sin apretar, todavía no, pero sus pulgares presionaban

os, su aliento entrecortado,

ste todo! -siseó, su voz espesa c

alto repentino y violento, fue demasiado. Tuve una arcada, un

eado. Sus ojos se abrieron, un destello de

z ahogada, ronca, incrédu

s profundo e insidioso. Mi estómago ardía, un pozo de ácido ígneo que se había convertido en una part

ulejos, llena de autocompasión y acusación-. ¿Y para qué? ¿Un momento de patética vengan

espalda, el agua todavía ca

ía temblaban con emoción reprimida-. ¿Quieres

on una fuerza que sacudió toda la casa, dej

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