“Hace cinco años, Dante Mondragón era el Patrón que prometió incendiar el mundo por mí. Hoy, es un monstruo con amnesia que me trata como a una sirvienta mientras pasea a su amante, Carla, frente a mis narices. Cuando Carla cortó el labio de su propio bebé para incriminarme, Dante no pidió pruebas. Me arrastró al lobby del hotel, gritando que yo era un monstruo que lastimaba a los niños. Me miró con ojos fríos, muertos, y dijo: "Usas tu voz para mentir. No mereces tener voz". Ordenó a sus guardias que me sujetaran contra el suelo. Luego, tomó una aguja de plata y un hilo negro y grueso. Ahí mismo, frente al personal y los huéspedes, cosió mi boca. Tres puntadas. Una por el silencio. Una por la obediencia. Una por la Familia. Pensó que me había roto. No sabía que, mientras yo sangraba, los muros que bloqueaban su memoria ya se estaban desmoronando. Meses después, cuando escapé y construí una nueva vida, me encontró. Se arrodilló en la nieve fuera de mi reja, llorando, suplicando arreglar lo que rompió. "Lo recuerdo todo, Elena. Te amo". Toqué las cicatrices blancas en mis labios y lo miré desde arriba. "No puedes arreglar esto, Dante". "A menos que puedas devolverme los últimos cinco años".”