“Después de tres años de ser su secreto, por fin tuve la boda de cuento de hadas con la que siempre soñé. Mi esposo, Alejandro Peralta, finalmente se había liberado del control asfixiante de su familia y me había elegido a mí. Cargando a sus gemelos en mi vientre, volé al otro lado del país para sorprenderlo en un viaje de negocios, solo para escucharlo hablar con su mejor amigo. -Es demasiado dulce -dijo, con un tono de voz tan casual que helaba la sangre-. Como un chicle que ya perdió todo su sabor. Sus palabras derrumbaron mi mundo. El hombre que se había arrodillado a mis pies, con lágrimas en los ojos prometiéndome la eternidad, me veía como nada más que una conveniencia insípida. La traición fue tan absoluta, tan cruel, que al día siguiente entré en una clínica y terminé con el embarazo. Cuando él se enteró, su amor se retorció hasta convertirse en una oscura obsesión. Me encerró en nuestro penthouse, prisionera en una jaula de oro. -Podría darte algo -susurró, con los ojos brillando con una luz aterradora-. Algo para que olvides. Para que vuelvas a ser feliz. Planeaba drogarme, borrar mis recuerdos y mi dolor, convertirme en su muñeca perfecta y sonriente para siempre. Pero me subestimó. Yo tenía mi propio plan.”