“Durante siete años fui la esposa secreta y la escritora fantasma del famoso autor Holden Gillespie. Construí su imperio literario con mis palabras, mientras nuestro matrimonio y nuestro hijo, Leo, permanecían ocultos para proteger su imagen de "genio soltero". Entonces comenzó una aventura pública con su nueva publicista, Kassidy. Cuando finalmente renuncié, intentó echarnos a mí y a nuestro hijo de nuestra casa para hacerle espacio a ella. El punto de quiebre llegó en el cumpleaños de Leo. Holden apareció con un pastel para "arreglar las cosas". Era un mousse de mango. Había olvidado -o nunca le importó saber- que nuestro hijo tiene una alergia mortal al mango. Casi mata a su propio hijo por pura y egoísta negligencia. En ese momento supe que todo había terminado. Tomé a nuestro hijo, desaparecí y solicité el divorcio, cortando todo contacto. Pero ahora, meses después, está parado afuera de mi nueva casa en Santa Fe, luciendo desesperado. -No voy a aceptar este divorcio -dice, con la voz quebrada-. Nunca lo haré.”