“Estuve con Ethan Hudson durante siete años, pero él se cansó de mí. Buscó a una loba joven en el clan. Esa vez no le rogué que se quedara. Boté la piedra que representaba el vínculo de compañeros, quemé el brazalete de protección que yo había hecho y dejé el clan esa noche. Sus amigos se burlaron de mí, apostando cuánto tiempo tardaría antes de ir a suplicar que nos reconciliáramos. Ethan, con el brazo alrededor de su nueva chica, se rio y dijo: "Tres días como máximo. Volverá llorando". Pasaron tres días, luego otros tres, y nunca regresé. Ethan no pudo esperar más y me contactó primero. "Sylvie, ya basta de berrinches...". Victor Wilson, su rival, lo interrumpió. "Ethan, deberías haberla recuperado antes. Ella es una buena chica, pero ya es muy tarde, se ha ido". El aullido de Ethan casi rompe el teléfono. "¡Que Sylvie conteste la llamada!". Victor me besó suavemente y dijo: "No puede. Está agotada por lo de anoche y acaba de quedarse dormida".”