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Capítulo 3 Primera Cena en Casa Larraín

Palabras:1215    |    Actualizado en: 01/12/2025

a una declaración de guerra silenciosa contra cu

ropea, iluminación profesional. El tipo de casa que dice

acia la entrada. Su palma estaba sudorosa. Nerv

Pero solo quiere conocerte mejor. Y Constanza e

l himno de los hombres que

hombre uniformado nos r

es, señor Di

a preguntó

rmol que reflejaba todo. Araña de cristal que costaba más

ari

seda champán, cabello perfecto, maquillaje

mi mano pa

a conoces

endió ambas manos-. Abril,

con manicura perfecta. Las mías s

recibirme, se

a cabeza en dos segundos-. Me encanta ese vestido. Tan... clás

para "barato p

sa es

ecibidor -rio-. Ven, P

blanco que parecían demasiado caros para sentarse. A

ente a una chimenea encend

que ese tema quede en

Colgó sin

. Bien

alculador. Como si estu

obre los números de mañana -dijo

e dejaron sola con Isa

bel señaló un sillón-.

está

Y tu familia, Abril. Tu madre es

ente admi

hizo que apretara los puños-. Un

calc

cho lo de s

nta un perro atropellad

aci

difícil debe haber sido para tu madre. Cri

sos." Tan delicado que c

o lo mejo

. Trabajando en una empresa seria. Es admirabl

Como si yo vin

o. Las palabras de Sara resona

ecir algo. Pero Diego

mi amor -Diego so

nte personas. Éramos cinco: los padres

e un lado. Para verme

o -anunció Diego-. De hecho, ella en

. Tal vez iba a

atricio alz

ones -Diego se apresuró-. Nada que n

o: podemos manejar. Plural. Como si él hubier

-dijo Constanza, su vestido costando más que seis mes

y conve

o sabía cómo comerlo. Observé a Isabel. I

rrió contra el

levantó

-le dijo a Diego, ignorándome-. Aunque supongo que

go rio incómodo

o que cada uno tiene sus gustos. Nada m

a mesa. No era apoyo. Era a

en la Católica -Isabel cambió

señ

regó Constanza-. Yo hice mi maestría en Londre

cuatro idiomas

nenados disfrazados de educación. Cada

ejó su tenedor con u

odos. Algunos nacen para alcanzarlo. Otros... solo están destinados

n mí por una fracci

alba Construcciones. De la q

o al cuello. Quise gritar. Quise defe

la

madre gritó en mi cabeza. No l

a rabia. Tragué la just

ijo Diego aliviado-. L

Pequeña.

ré, mirand

ercambiaron una mirada

queñecido. Me había convertido en exactamente lo que esperaban:

yo ya no saboreaba nada. Solo el sab

postre, algo dentro de mí se q

formó. Se enfrió. Se solidificó

empequeñeciendo

ra memorizar cada sonrisa falsa, cada comen

mando. Que estaban poniendo en s

tal fue pensar que mi

a la calma antes

era otra brasa alimentando un fuego lento que

o fue que siguier

ego me llevó a casa,

en -dijo-. Mi madr

ntí. Lo bes

n mi vida, no estaba pensando en c

ndo en cómo

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“Abril Rojas siempre vivió empequeñecida: su madre le repitió toda la vida que era más seguro no destacar, no usar el apellido de su padre, no hacer preguntas sobre el "accidente" que lo mató ni sobre la quiebra de la empresa familiar. Ahora, Abril tiene 26 años, trabaja como analista financiera brillante pero invisible, y sale con Diego Larraín, heredero de una de las familias empresariales más poderosas del país. Ella hace los modelos, él presenta los resultados. Ella se esconde, él brilla. En la gala empresarial del año, donde Diego le prometió que por fin la presentaría como su futura esposa, todo se da vuelta: delante de cámaras, autoridades y medios, Diego acusa a Abril de haber filtrado información confidencial que arruinó un gran negocio con el fondo de inversión más temido del país, Valverde Capital. La acusa de ambición, de traición... y la deja. La familia Larraín se lava las manos. La prensa la destroza. Las redes la convierten en meme. Y el hombre al que supuestamente dañó, León Valverde, cuarentón rico, frío, guapo, el típico hombre que todas desean, la observa con una mezcla inquietante de desprecio... e interés. León descubre que detrás de la supuesta traición hay una mente brillante, un estilo de análisis muy particular y una historia familiar que huele a encubrimiento. En lugar de hundirla, le propone un pacto peligroso: Trabajar para él. Casarse con él ante el mundo. Y usar su talento para derribar al verdadero enemigo: el imperio de los Larraín, responsable de la caída de la empresa de su padre y del silencio en el que la han tenido toda la vida. Mientras Abril asciende desde la humillación hasta el centro del poder, se enamora del hombre que podría ser su padre en edad, pelea contra su propio trauma y descubre que la peor traición no vino solo de los Larraín, sino de su madre, Marcela, que firmó un acuerdo secreto para borrar su apellido real: Villalba. La incógnita que atraviesa toda la novela es: ¿Por qué Marcela aceptó borrar el apellido de su hija y colaborar en encubrir la muerte de su marido? Y, cuando Abril por fin lo descubre, deberá decidir no solo qué hacer con su madre y con su apellido, sino también con el hombre que terminó amando en medio de todo: León Valverde.”