“Mi guardaespaldas, Damián, recibió de lleno el impacto de un coche a toda velocidad que iba directo hacia mí. En ese instante, supe que lo amaba. Él era mi protector, y yo creía que su devoción feroz era solo para mí. Pero en el hospital, escuché la verdad. No me había salvado a mí. Había salvado mi riñón. Yo no era la mujer que amaba. Solo era la "mejor opción" para el trasplante de su hermana enferma. Cada gesto tierno, cada mirada vigilante, era una mentira diseñada para mantener a su donante de órganos segura y dócil. El hombre que yo adoraba no me veía más que como una colección de piezas de repuesto. El amor que creí que compartíamos era una trampa cuidadosamente construida, y yo había sido la tonta que cayó de lleno en ella. La chica que creía en cuentos de hadas murió en ese pasillo estéril de hospital. Tomé mi teléfono, con la mano firme. -Papá -dije, con una voz fría como el hielo-. Estoy lista para considerar la alianza con la familia De la Torre.”