“Después de tres años de ser la novia complaciente e invisible de mi novio, el CEO tecnológico Eduardo Garza, finalmente lo dejé. Entonces Bruno Ferrer, su encantador rival, irrumpió en mi vida, decidido a usarme para sacarlo de quicio. Pero en una gala de tecnología, Eduardo me acorraló, declarando públicamente su amor y mostrando un "anillo de promesa" que, según él, había comprado para mí hacía semanas. Hizo esto justo después de que su amor platónico de la preparatoria, Jeanette Sada, anunciara su compromiso, y justo antes de acusarme de haberlo humillado. Insistió en que sus sentimientos por Jeanette eran una "fantasía juvenil" y que yo era su "ancla", su "estabilidad". Dijo que me amaba. Pero yo recordaba la verdad. Recordaba el pequeño pájaro de madera tallado a mano que una vez hizo. Un regalo que me hizo enviar a Jeanette hace años, junto con una nota de amor que él mismo dictó. Y supe que su confesión desesperada no era amor. Era control de daños.”