“Soporté 121 piquetes de aguja en mi vientre por el hijo que mi esposo, Braulio, y yo deseábamos con desesperación. Pero mientras yo yacía en la camilla, a momentos de la transferencia de embriones, él se largó. Me dejó por su novia de la prepa, Isabela, que estaba histérica porque su hijo se había raspado la rodilla. Él la presumía en fotos públicas de "familia" mientras su propia familia me humillaba en la cena por ser demasiado "fría". Cuando el hijo de Isabela me empujó al suelo, Braulio corrió a consolar al niño, no a mí. Me miró con puro asco. -¿Cómo puedes pensar que serías una buena madre si te comportas así? -escupió. Lo miré directamente a los ojos, mi voz temblaba pero era clara. -¿Sabes qué es lo más gracioso, Braulio? Cancelé la transferencia de embriones. Luego, frente a toda su familia, sentencié: -Quiero el divorcio. Y esta vez, no estoy bromeando.”