“Mi nombre es Alia Reyes, y fui una chica muda que creció en las sombras de los barrios industriales de Monterrey. Mi arte callejero era nuestro pan de cada día, y Bruno Montero era mi protector, mi primer amor y mi voz. Pero el chico que una vez me defendió de los bravucones decidió escalar en la sociedad comprometiéndose con una heredera corporativa despiadada, Kassandra de la Vega. En la noche de su compromiso, Kassandra me acusó falsamente de arruinar su vestido. Bruno, mi Bruno, me azotó en público como castigo para complacer a la familia de ella. Me dijo que era para protegerme, un mal necesario. Luego me encerró en mi cuarto. Mientras los fuegos artificiales de la fiesta iluminaban el cielo, olí humo. El departamento estaba en llamas y la puerta estaba cerrada con llave desde afuera. A través de las llamas, escuché la voz de Kassandra: "Bruno la encerró. Quería quitársela de en medio". No solo me abandonó; intentó quemarme viva. Pero sobreviví. Y cuando un Bruno destrozado y carcomido por la culpa finalmente me encontró años después, rogando por mi perdón después de destruir a la mujer que lo orquestó todo, solo tuve una cosa que decirle.”