“Durante siete años, oculté mi identidad como la heredera de una fortuna para estar con mi novio, Eugenio. Lo seguí por todo el país y me hice pequeña para que él pudiera sentirse grande. En el Día de Acción de Gracias, me plantó para ir con su primer amor, Brenda, quien supuestamente tenía una "tubería rota". Más tarde, ella publicó una selfie íntima con él, llamándolo su "héroe". Luego me envió un video de él en un bar, riéndose con sus amigos. -Está siendo dramática -arrastraba las palabras, sonriendo con suficiencia a la cámara-. Un collar nuevo y se le olvidará todo. Es fácil de contentar. Fácil. Siete años de mi vida, mi amor, mi sacrificio, todo reducido a esa palabra. Me di cuenta de que nunca fui su pareja. Solo fui un reemplazo. No lloré. Hice mis maletas, compré un vuelo de ida a la Ciudad de México y le envié un último mensaje antes de bloquear su número. "Ni te molestes en volver a casa. Me voy a casar".”