“Durante cinco años, fui la esposa de Javier de la Torre, el intocable "Delfín de Oro" de la Ciudad de México. Yo era una consultora de lealtad a la que le pagaron cien millones de pesos para que se enamorara de mí, pero fui yo la que terminó perdidamente enamorada de él. Entonces, su antiguo amor, Fabiola, reapareció. Cuando le dije que estaba embarazada de nuestro hijo, su rostro se convirtió en una máscara de piedra. Fabiola sonreía con aire de suficiencia desde la escalerilla de su jet privado. "El bebé llegó en el peor momento", dijo, su voz fría como el hielo. "Hay que abortarlo". Hizo que sus hombres me arrastraran a una clínica. Mientras la anestesia hacía efecto, lo escuché dar una última y cruel orden al doctor: "Una histerectomía. Quiero asegurarme de que no haya más... contratiempos". Destruyó mi cuerpo y a nuestro hijo por otra mujer. Tumbada en esa habitación estéril, mi amor se convirtió en un odio gélido. Tomé un celular de prepago que no había tocado en años y envié un único mensaje a un contacto misterioso. La respuesta fue instantánea: "Paso por ti en quince días".”