“El algoritmo supo que mi prometido me engañaba antes que yo. Cinco días antes de mi boda, me llevó a una cuenta secreta de Instagram. Mi dama de honor llevaba puesto mi vestido de novia. La cuenta era un santuario dedicado a los tres años de aventura que tuvo con mi prometido, Adrián. Habían creado una narrativa perfecta para sus seguidores: eran almas gemelas trágicas, y yo era la villana fría y calculadora que los mantenía separados. Los comentarios estaban llenos de odio hacia mí. Pero el golpe final fue ver que mi mejor amiga, Daniela, le había dado "me gusta" a un comentario que deseaba que tuviera un "accidente" y me rompiera la pierna otra vez. Yo le había salvado la vida. Mi familia había salvado a la suya de la ruina. ¿Por qué esta crueldad tan elaborada y pública? El día de mi boda, nunca aparecí. En su lugar, mientras la élite de la sociedad de Polanco observaba, las pantallas del salón se iluminaron con una presentación que había preparado, exponiendo cada foto, cada mensaje y cada una de sus mentiras.”