“Recibí un mensaje de texto de divorcio. El remitente era mi esposo, a quien nunca había visto a pesar de llevar un año en ese matrimonio concertado. Dijo que había estado enamorado de una chica durante diez años y quería divorciarse de mí para poder pretenderla. Acepté y pedí veinte millones de dólares como compensación. Más tarde, conocí a un hombre, el cual se sonrojó solo con una mirada mía. Parecía haberse enamorado de mí a primera vista y pidió mi información de contacto. Le dije que estaba casada y que estaba en proceso de divorcio. El hombre apretó los dientes lleno de rabia, jurando hacer pagar a mi maldito esposo. Cuando me presenté ante él en el tribunal de divorcio, su rostro se empalideció al instante.”