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El adiós número noventa y nueve

Capítulo 4 

Palabras:942    |    Actualizado en: 28/10/2025

ana

isa condescendiente. El juego continuó, un borrón sin sentido de ruido y risas forzadas. Unos minuto

sus ojos una vez

a sentarme allí y ver un segundo

as un susurro. Me levanté con piernas temblorosas y me alejé

gua fría en la cara, tratando de lavar la sensación de sus palabras, de las miradas de lástima de todos. Me dije a mí misma que

o someterme a más de esta tortura. Me escabulliría por

a lateral, oí voces provenientes del estudio contiguo. La

ejor amigo de Javi-. ¿Enfrente de todos? 'B

mi corazón latiendo

es con esta mierda de 'terminamos'. Es solo otro de sus

convirtió en hielo. Él pe

acilante-. Se veía diferente esta n

azando con romper para hacerme rogar, como siempre. Cree que puede controlarme. Bueno

ción. La humillación pública, las palabr

-preguntó Mateo-. ¿Vas a s

Ambos lo sabemos. En una semana, tal vez dos, cuando haya llorado hasta quedarse seca y se dé cuenta de que no voy a volver, apareceré. Di

erpo. Era más frío que el agua de la alberca, más frío

olo una estrategia. Una herramienta de manipulación. Un

is movimientos silenciosos y fantasmales. Me deslicé

sentir era el frío penetrante que parecía emanar de mis propios hues

ofre de su camioneta destartalada, viendo el atardecer. Me había mirado con tal asombro, como

dolor que se siente como si pudiera matarte físicamente. Me había acostumbrado tanto a su pres

stro amor se agrió en esta

Todo comen

lar las redes sociales con sus fotos. Odiaba el apego, pero la dejaba colgar de su brazo como un bolso de diseñador.

da vez que mi dolor fuera el catalizador para que él despertara y viera lo que estaba haciend

rsona que se ahoga. Fueron vistos como infantiles, molestos, predecible

do el camino a casa. Al acercarme a mi casa, vi la familiar camioneta de

te a él, de espalda

mano. El remitente era inconfundible: New York

saltó a m

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El adiós número noventa y nueve
El adiós número noventa y nueve
“La nonagésima novena vez que Javier Lira me rompió el corazón fue la última. Éramos la pareja de oro de la Prepa Anáhuac, nuestro futuro perfectamente trazado para el Tec de Monterrey. Pero en nuestro último año, se enamoró de una chica nueva, Catalina, y nuestra historia de amor se convirtió en una danza enferma y agotadora de sus traiciones y mis amenazas vacías de dejarlo. En una fiesta de graduación, Catalina me jaló "accidentalmente" a la alberca con ella. Javi se lanzó sin dudarlo un segundo. Pasó nadando justo a mi lado mientras yo luchaba por no ahogarme, rodeó a Catalina con sus brazos y la sacó a un lugar seguro. Mientras la ayudaba a salir entre los aplausos de sus amigos, volteó a verme, con el cuerpo temblando y el rímel corriéndome en ríos negros por la cara. -Tu vida ya no es mi problema -dijo, su voz tan fría como el agua en la que me estaba ahogando. Esa noche, algo dentro de mí finalmente se hizo añicos. Fui a casa, abrí mi laptop y di clic en el botón que confirmaba mi admisión. No al Tec con él, sino a la NYU, al otro lado del país.”
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