“Yo era su posesión. El mundo entero sabía que Alejandro Montenegro, el despiadado magnate de la tecnología, había destruido mi vida para adueñarse de mí. Luego trajo a casa a su nueva becaria, Valeria, y me sentó a su lado. -He decidido -dijo con indiferencia- que las quiero a las dos. Cuando me rebelé, me arrastró a una bodega abandonada en las afueras de Toluca para darme una lección. Mis padres estaban atados y amordazados, suspendidos con cuerdas sobre una enorme y ruidosa trituradora de madera. Me dio diez segundos para aceptar a Valeria, o los dejaría caer. -¡Acepto! -grité, rindiéndome. Pero fue demasiado tarde. Una cuerda deshilachada se rompió y vi a mis padres precipitarse hacia los dientes trituradores de la máquina. El horror me mató. Pero cuando volví a abrir los ojos, estaba de nuevo en su cama. La fecha en mi celular era el día en que trajo a Valeria a casa. Esta vez, no lucharía contra él. Sería su esposa perfecta y obediente. Y mientras él estuviera distraído, fingiría mi propia muerte y desaparecería para siempre.”