“Mi familia irrumpió en mi departamento. No vinieron a celebrar mi prestigioso premio de ciencias. Vinieron para arrastrarme a la fiesta de mi hermana influencer. No sabían que, justo abajo, en el sótano, yo me desangraba sobre el piso helado después de un ataque. Con mi último aliento, pedí ayuda. Mi hermano me mandó un mensaje: "Madura ya". Mi madre me dejó un correo de voz, regañándome por mi "berrinche patético y vergonzoso". Mi última esperanza era mi prometido, Damián. Jadeé, diciéndole que creía que me estaba muriendo. Él suspiró, harto. "Anabella, estás haciendo un drama. No arruines la gran noche de Camila". Luego colgó. Pensaron que estaba celosa. Pensaron que intentaba robarle el protagonismo a mi hermana. Pero no era así. Estaba muerta. Y ahora, como un fantasma atrapado en mi propia casa, tengo que observar a las personas que me dejaron morir... y esperar a que por fin encuentren mi cuerpo.”