“Encontré a Isaías Herrera desangrándose en un callejón y lo convertí en el rey de la Bolsa Mexicana. Le enseñé todo, le di un imperio y lo hice mi esposo en secreto. Él era mi obra maestra. Luego, su nueva novia influencer me puso una grabación. Escuché la voz que yo misma había moldeado llamarme su "carcelera", su "muleta", "la vieja que se cree mi dueña". Pero eso fue solo el principio. Tomó el poder que le di y lo usó para demoler el ala de oncología pediátrica que construimos en memoria de nuestra hija que nació muerta, Esperanza. Estaba construyendo un spa de lujo sobre los escombros como regalo para su nueva amante. Incluso se paró frente a mí y me lo dijo a la cara: "Quizá si no hubieras estado tan obsesionada con el trabajo, Esperanza seguiría aquí". El hombre que construí de la nada estaba tratando de borrar toda nuestra historia, incluyendo a nuestra hija muerta. Creyó que podía simplemente derribarme y construir su nueva vida sobre mis cenizas. Así que cuando me enviaron la invitación a su boda, acepté. Después de todo, es importante darle a un hombre un día de felicidad perfecta antes de destruirlo por completo.”