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El Inquebrantable Regreso de la Heredera Incriminada

El Inquebrantable Regreso de la Heredera Incriminada

Autor: Wu Er
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Capítulo 1 

Palabras:1367    |    Actualizado en: 26/09/2025

criminaran en un crimen que casi destruye nuestra empresa, me convirtieron en l

legó a su punto más devastador. Mi hermano, el director general

cándalo? -me siseó con veneno frente a todos-. Por una noch

. Mi madre miraba horrorizada, no por la crueldad de mi hermano, sino por la escena que y

o su bando hacía mucho ti

algo dentro de mí finalmente se rompió en mil pedazos. La culpa, la vergüe

lloré. N

n, saqué mi celular y marqué un

ca y cansad

Cor

voz más clara y fuerte de lo que habí

ítu

sta de Sofí

papel: la paria de la familia, la arquitecta caída en desgracia, el recordatorio viviente de un escándalo que casi había destrozado a Constructora Elizondo. M

Pedro brillaba con candelabros de cristal y sonrisas más falsas que un billete de tres pesos. Yo me mantenía ce

do que dudar de su propio valor. A su lado, su prometida, Camila Navarro, resplandecía. Lo miraba con una adoración tan perfectamente practicada que podría haberla ensayado

s-. Un testimonio de fortaleza, lealtad e integridad. Valore

na mirada deliberada y directa, un recordatorio de que yo era la excepción a es

rófono después de él, su voz u

a increíble familia. Una familia que conoce el sign

nrisa de triunfo jugó en sus labios antes de desaparece

reas no oficiales-, Charly, mi hermano menor, se acercó con aire despreocupado. Era un adolescente cuando

risita burlona, tomando una copa-. No queremos

blanco. Hacía mucho que había aprendido que cualquier reacción, ya fuera ira

imonio del amor de mi madre por las exhibiciones extravagantes. Mientras el personal del catering lo empuj

on para estabilizar el carrito. Logré evitar que se volcara, pero en el proces

ectivo recor

menor. Pero en el teatro de

n hablar, su voz teñida

os accidentes pasan. -Lo hizo sonar co

una nube de tormenta familiar. Se acercó a grandes zancadas

o silencio-. ¿Es que no puedes hacer una sola cosa bien sin armar un escánd

astre. Escándalo. Las etiquetas con las

staba causando. Mi padre simplemente se dio la vuelta, su expresión era de cansada decepci

se rompió. Los años de morderme la lengua, de absorber su desprecio, de vivir con un

o de Camila, la ceguera voluntaria de mis padres. Vi todo el

ije

on un clic silencioso. Me di la vuelta, con la espalda recta, y salí del

obablemente esperaban que me disolviera en lágrimas en mi habitación, que s

he hacia la pequeña casa de huéspedes en la propi

co y miré el número. Era lo último de mis ahorros secretos, dinero que había guardado minuci

. No escribí "terapeu

nvestigador priva

su sitio web llamativo, sino por su eslogan directo

o McC

nó dos veces antes de que una v

Cor

luchando en su jaula. Por primera vez en diez años, no era por

voz más clara y fuerte de lo que habí

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El Inquebrantable Regreso de la Heredera Incriminada
El Inquebrantable Regreso de la Heredera Incriminada
“Durante diez años, fui el escándalo andante de mi familia. Después de que me incriminaran en un crimen que casi destruye nuestra empresa, me convirtieron en la paria, forzada a servir a las mismas personas que me habían robado el futuro. En la fiesta del 40 aniversario de mis padres, la humillación llegó a su punto más devastador. Mi hermano, el director general que construyó su carrera sobre mis ruinas, estaba en el podio. -¿Es que no puedes hacer una sola cosa bien sin armar un escándalo? -me siseó con veneno frente a todos-. Por una noche, ¿podrías intentar no ser un completo y absoluto estorbo? Su prometida, la verdadera arquitecta de mi caída, observaba con una sonrisita de triunfo. Mi madre miraba horrorizada, no por la crueldad de mi hermano, sino por la escena que yo estaba causando. Mi padre simplemente se dio la vuelta, con el rostro lleno de decepción. Todos ellos habían elegido su bando hacía mucho tiempo, y yo no estaba en él. Después de una década de absorber su desprecio por un crimen que no cometí, algo dentro de mí finalmente se rompió en mil pedazos. La culpa, la vergüenza, el silencio... todo era una mentira que ya no estaba dispuesta a vivir. Pero no lloré. No grité. Salí tranquilamente de ese salón, saqué mi celular y marqué un número que encontré en internet. Una voz ronca y cansada respondió. -McCormick. -Mi nombre es Sofía Elizondo -dije, mi voz más clara y fuerte de lo que había sido en años-. Necesito contratarlo.”
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