“Tres años después de que mi prometido, Damián, me dejara plantada en el altar, regresó a mi vida como un huracán. Me encontró embarazada, viviendo en la majestuosa casona que él todavía creía que era suya por derecho. No venía solo. Mi ex mejor amiga, Brenda, estaba a su lado, sus ojos recorriendo la casa con una codicia pura. Me acorralaron, sus rostros desfigurados por la rabia, exigiendo saber quién era el padre de mi "bastardo". Cuando me negué a responder a sus acusaciones demenciales, sus preguntas se convirtieron en violencia. Me abofetearon, me metieron trozos de vidrio roto en la boca y me inmovilizaron en el suelo. Brenda sonrió mientras clavaba su tacón de aguja en mi vientre. Luego, Damián me dio una última y salvaje patada. En ese instante de horror, sentí cómo la pequeña y vibrante vida dentro de mí se detenía. Habían asesinado a mi hijo. Se rieron cuando les supliqué entre sollozos que el bebé era del hermano mayor de Damián, Arturo. "Todo el mundo sabe que es estéril", se burló Damián, su voz goteando desprecio. "El accidente de coche de hace diez años se encargó de eso". Estaban tan cegados por un rumor de una década que se negaron a creer la imposible verdad. Pero justo cuando arrojaban mi cuerpo roto a la alberca para que me ahogara, un coche destrozó el portón de la finca. Era Arturo. Y estaban a punto de descubrir la devastadora verdad: él no solo era el padre del bebé. Era mi esposo.”