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El precio de su engaño cruel

Capítulo 4 

Palabras:802    |    Actualizado en: 25/09/2025

a Garz

Mi orgullo, mi dignidad, eran ceniz

llocé, la palabr

con su tacón. Gemí mientras otra ola de agonía me invadía. "Quiero q

e de mi barbilla. Mi cuerpo era un universo de dolor, pero m

au", el sonido fue patético, u

exigió Brenda,

s palabras sabiendo a veneno y vidri

i, Valeria. Justo aquí, en este mismo vestíbulo. Te rogué que no le dijeras a Damián que había intentado seducirlo. Me mir

a rechazado porque Damián, cegado por su enamoramiento, no me

intensificándose, convirtiéndose en un calambre constante y a

e estrelló contra mi espalda, sacándome el aire de los pulmones y

as por ese bastardo. Realmente harás cua

o de dos frentes. Podía sentir una humedad c

irando a Brenda. "Prometis

í que lo dejaría en paz. Nunca d

ue un golpe final y devastador. Nunca habían

su voz espesa por la rabia. "Intentaste usar a e

ierna hac

a a punto de suceder. Mi cuerpo se tensó,

re. No un pisotón, sino una

n una supernova de

go...

ético dentro d

llegado a atesorar, las suaves pataditas que me decí

Un silencio frío y muerto que era

tragó el dolor, el miedo, todo. En su lugar, algo nuevo y

detuvieron. Mis

omo personas, sino como monstruos. Y supe, con una

na promesa baja y gutural. "Arturo los hará sufrir de maneras

avía no has aprendido

n, sus ojos fijos en mí. "Vamos a enseñarle lo qu

ermiza y ansiosa. Se alejó apresuradamente, sus tacon

alejar mi cuerpo roto de ellos,

e por los pies, fuera del vestíbulo, a través de la impecable sala de estar. Mi cabeza golpeaba co

mientras me arrastraba al patio. El olor a

gruñido, pateó mi cuerpo at

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El precio de su engaño cruel
El precio de su engaño cruel
“Tres años después de que mi prometido, Damián, me dejara plantada en el altar, regresó a mi vida como un huracán. Me encontró embarazada, viviendo en la majestuosa casona que él todavía creía que era suya por derecho. No venía solo. Mi ex mejor amiga, Brenda, estaba a su lado, sus ojos recorriendo la casa con una codicia pura. Me acorralaron, sus rostros desfigurados por la rabia, exigiendo saber quién era el padre de mi "bastardo". Cuando me negué a responder a sus acusaciones demenciales, sus preguntas se convirtieron en violencia. Me abofetearon, me metieron trozos de vidrio roto en la boca y me inmovilizaron en el suelo. Brenda sonrió mientras clavaba su tacón de aguja en mi vientre. Luego, Damián me dio una última y salvaje patada. En ese instante de horror, sentí cómo la pequeña y vibrante vida dentro de mí se detenía. Habían asesinado a mi hijo. Se rieron cuando les supliqué entre sollozos que el bebé era del hermano mayor de Damián, Arturo. "Todo el mundo sabe que es estéril", se burló Damián, su voz goteando desprecio. "El accidente de coche de hace diez años se encargó de eso". Estaban tan cegados por un rumor de una década que se negaron a creer la imposible verdad. Pero justo cuando arrojaban mi cuerpo roto a la alberca para que me ahogara, un coche destrozó el portón de la finca. Era Arturo. Y estaban a punto de descubrir la devastadora verdad: él no solo era el padre del bebé. Era mi esposo.”
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