“Hoy es mi quinto aniversario de bodas. También es el día en que mi esposo, Emiliano, me pidió el divorcio por trigésima octava vez. Lo hace por Jimena, su amiga de la infancia. La mujer que estrelló su coche el día de nuestra boda, quedando estéril. Desde entonces, él ha estado pagando una deuda de culpa, y yo he sido el precio. Durante cinco años, soporté el ciclo de divorcios y nuevos matrimonios. Pero esta vez fue diferente. Jimena me empujó por las escaleras. Emiliano me encontró sangrando y me prometió justicia. Juró que la haría pagar. Pero días después, la policía llamó. El video de seguridad del incidente había sido borrado misteriosamente. No había pruebas, no había caso. Esa noche, Jimena ordenó que me secuestraran. Mientras sus hombres me arrancaban la ropa en la parte trasera de una camioneta, logré llamar a Emiliano. Rechazó mi llamada. Salté de la camioneta en movimiento. Y mientras corría por mi vida, sangrando sobre el frío asfalto, hice un juramento. Esta vez, no habría un trigésimo noveno matrimonio. Esta vez, yo iba a desaparecer.”